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“Querida mía y sólo mía, te agradezco por salir de la violencia”: cartas de mujeres que salieron de la violencia de pareja y reconstruyeron su amor propio 

Por Pita Ramírez | @s0L3DaD 

Regeneración, 14 de febrero de 2019. Hoy 14 de febrero, es el día del amor y la amistad, el día en el que resuena más el primer concepto: el amor. Pero el amor no en su amplía connotación sino la relacionada con el ámbito de pareja.

Ese vínculo entre dos personas. Lo que llaman la media naranja, la otra mitad, tu alma gemela.

El día en el que varias personas festejan tener una pareja, la fecha en la que se regalan flores, chocolates, pagan hoteles caros, van a cenar o simplemente se dejan un post en Facebook.

Sin embargo, como en todos los temas existen varias aristas y en el amor no es la excepción.

Claro, existe el amor positivo, es decir, el que te hace crecer, te llena de felicidad y alegría, dónde hay respeto, acompañamiento y en donde se llevan a cabo algunos acuerdos.

Pero también existe el (falso) “amor”, y sí entrecomillado, ese que duele, que te hace realizar acciones que jamás harías, el que te hace llorar, entrar en un espiral de necesidad, el que te hace “morir” si no estás con tu amada/o.

Es decir, una relación tóxica, codependiente, todo lo que en realidad no es amor, porque el amor no duele, pero eso creemos, pues la falsa idea del amor se nos ha enseñado con atribuciones del deber ser y hacer en una relación de pareja.

En canciones, novelas, películas e incluso en la poesía se reproducen historias “románticas” o de desamor. Nos adoctrinan con aspirar a sentir, obtener o recibir el amor de alguien más.

Pero ¿acaso alguien transmite el mensaje de construir y colaborar con el amor propio? ¿nos enseñan que primero debemos amarnos a nosotras/os y a no permitir violencia de parte de cualquier persona? ¿nos enseñan a decir adiós si algo nos lastima?

Por ello, el día de hoy, en este día que para algunos es meramente capitalista y que para otros es un día digno de celebrar, hablaremos del amor propio que fue reconstruido después de haber vivido una relación violenta.

Los siguientes mensajes son compartidos para visibilizar que las personas sí pueden salir de una relación tóxica y que debemos prevenirla (trabajar en el amor propio). Aquí te dejamos algunos historias de mujeres que sufrieron en distintas magnitudes por comprar la falsa idea de que en el amor hay que perdonar, sufrir o sacrificar:

Vivirán felices hasta que la muerte los separe

“Comienza con un ‘no me caen bien tus amigos’, ‘mejor vamos a comer algo rico tú y yo en vez de ir con tus amigos’ o un ‘te vistes siempre igual, ya no te queda’ son comentarios simples y poco a poco van subiendo de tono.

Es como estar dentro de una olla que lentamente va subiendo su temperatura. No lo notas, es gradual y se disfraza de amor y culpa. Porque cuando comparas lo que vives con lo que otras mujeres viven: lo tuyo no puede ser violencia. No hay agresión física, las palabras y la humillación no se consideran formas de violencia.

Lo cierto es que es tan lento el proceso de manipulación y humillación que poco a poco vas perdiendo todo: tu amor propio, tu confianza, tu seguridad, tu gente y sobre todo a ti misma, tu esencia de pronto ya no es tan tangible. No es parte de una relación ceder todo el tiempo, dar la razón al otro, aunque sepamos que está mal.

Tu instinto te grita que algo está mal, algo no va bien y te envuelve tan bien que te ignoras, ellos son el centro de todo y si te alejas tú estás mal. Yo viví violencia psicológica, agresión sexual y amenazas por parte del progenitor de mi bebé. Permití que me hiciera a su antojo, porque no podía arruinar la vida de mi hija. Lo cierto es que ya estaba arruinada desde antes de ser mamá.

¿Qué iba a decir la familia? ¿cómo yo, siendo universitaria iba a aceptar que estaba viviendo un infierno? Las tradiciones y las normas dictan que al ser madre ya no tienes vida, “soy mamá y solo debo obedecer y servir a mi familia” y para ello debía anular mi ser, mi propia existencia porque ser madre es sinónimo de sacrificio.

Me anulé por mucho tiempo.

Un día me cansé y mandé todo a la chingada. A la vista de los demás fue y sigue siendo mi culpa porque yo lo corrí, arruiné el futuro de mi familia. Pero, si seguía ahí yo iba a arruinar mi vida con una pareja que no fue pareja conmigo. Me dejó morir y me hizo mucho daño. Mis días eran llorar y pensar en suicidio todo el tiempo por el dolor que me generaba y por las peleas y engaños continuos.

Hoy me agradezco haber salido de ahí. Me siento mejor. Duele, pero es lo mejor para mí y mi hija.

Gracias Liz por haber roto con los malditos paradigmas de la mujer abnegada y que soporta golpes, engaños, abusos y mentiras hasta el final; gracias por romper con la familia falsamente perfecta y por darte tu lugar primero antes que a nadie. Gracias por salvarnos de ese abismo y aunque hoy parece que estoy despertando de un sueño criogénico, de un coma, prefiero sentir que sigo viva a no sentir nada.”

Decepción tras decepción con impulso a ser y hacer lo mejor

“Hola, te escribo porque casi nunca hablamos… bueno hablamos bastante, pero no de esto. Tendré que abordar algo que sé que no te gusta abordar, pero debemos hacerlo.

¿Cómo te sientes? ¿Realmente crees que hemos avanzado algo? ¿Aunque sean dos pasitos? ¿Me dirás que no sabes? Yo sinceramente creo que si lo hemos hecho. En muchas ocasiones te juzgas demasiado, en otras en tu afán de olvidar y dejarlo todo atrás, simplemente miras para otro lado y ahí te sumerges. Pero, ¿sabes? inevitablemente lo hemos afrontado. Te han dicho innumerables ocasiones que eres fuerte e inteligente. Tú también te sabes guerrera. Una temerosa guerrera, aunque muchas veces no te la crees.

Entre laberintos nos encontramos continuamente al dolor adherido a tus espaldas, a la decepción que regularmente inunda tus ojos, a la ansiedad que te cobija por las noches, a la soledad que deseas día a día que se evapore, a la desilusión que constantemente te acaricia las mejillas… Las encuentras a la vuelta de cada esquina, en cada rincón oscuro a plena luz de día, a veces corres a veces sólo las miras.

¿Podemos afrontarlas? Aún no lo sabemos, sin embargo, has comenzado a reconocer que ya no deseas volver a ver a esas personas, ni permitir que ninguna otra te trate de esa manera, logras identificar que esas personas viven con carencias severas, carencia de respeto, carencia de responsabilidad, carencia de amor, carencia de valores, así como viven con exceso de cobardía, frustraciones, miedos e inseguridades que proyectaron en ti.

Ahora sabes que vales mucho más que eso, que lo de menos fue tu ego lastimado, tu matriz mutilada, tu ingenuidad desconcertada, porque realmente no te lograron tirar.

Te hicieron llorar, sangrar y estar en cama, pero aún así, en medio de la noche con el insomnio al tope y las lágrimas inagotables, tú sabias que valías más, y que eso no debía aniquilarte, que tu corazón aún palpitaba, que tu familia estaba ahí, que tu hijo se quedaba quietecito para que pronto te recuperaras.

Que si ellos bien te lastimaron, no deberías permitirles lastimar a los tuyos a través de ti, que si ese par te lastimaba tenías al menos una decena de personas que te amaban y entre ellas la más importante: tú.

Ahora tal vez sigues como siempre corriendo a todos lados, trabajando, soñando, confiando en la gente, sintiendo al máximo, aunque te llamen exagerada, débil, chillona. No importa, porque poco a poco te has dado cuenta que no vales por ser perfecta o considerada, vales porque todos los días te levantas a hacerle frente al dolor, a la decepción, a la ansiedad, a la soledad… porque sin darte cuenta día a día lo afrontas y día a día, cada vez que te ríes, cada vez que lloras, cada vez que abrazas, cada vez que maldices, cada día que vives estas saliendo adelante. Falta mucho por trabajar, falta mucho por perdonarte, falta mucho que dar, falta mucho que recuperar, falta volar aún más.

Un golpeador jamás cambia

“Yo empecé a andar con un chavo cuando tenía 13 y él 17, al principio todo era maravilloso, típico, pero con el paso del tiempo fuimos teniendo problemas por cosas tontas. Yo tenía aún el pensamiento absurdo al pensar que tenía que hacer lo que él me decía.

La violencia incrementó hasta que en un momento él me llegó a pegar. Todo fue cambiando, él me decía que iba a cambiar, cosa que nunca pasó.

De hecho, llegué a estar embarazada de él, a mis 16 años y por un mal medicamento mal diagnosticado, perdimos al bebé, durante ese tiempo él cambió aún más sus acciones.

Incluso, una vez él me soltó una patada en mi vientre, mientras yo estaba acostada y lo único que hice fue levantarme e irme a mi casa. Mi mamá habló conmigo y recapacité. Pude tomar la decisión de dejarlo.

Y hoy, ahora que estoy fuera de esa relación, me di cuenta que si alguien te quiere no te hace daño. Ahora ya casi termino mis estudios y siendo feliz sin necesidad de golpes, miedo ni insultos.”

Tener el valor para construir amor propio

“La frase que casi me daba la estocada final… y que sin embargo fue la que me sacó de ese inmenso hoyo negro en el que permití que me mantuviera siete largos años la dijo mi padre:

“Sólo veo como mi hija se me está muriendo en vida”

Fue ahí cuando la vida me sacudió y reaccione. Decidí, a pesar del miedo, Liberarme de la violencia física, psicológica, emocional y económica en la que me tenía sumergida mi “pareja” mi autoestima estaba por los suelos, pues no era más que una estúpida gorda horrible que debía agradecer que tuviera compasión de mí y se dignara a vivir conmigo, pues nadie en su sano juicio lo haría por amor y menos por gusto…

Lamento no haber tenido antes el valor, la dignidad y la fuerza de decirme a mí misma que podría salir adelante y continuar la vida sola con mi hijo”.

Antes de vivir un feminicidio

“Cuando tenía 18 años comencé una relación con un sujeto dos años mayor que yo, esa relación duró aproximadamente 2 años con 6 meses. Él era una persona muy atenta, detallista, amable hasta cierto punto, pero no tardé en darme cuenta que solo eran apariencias.

Los primeros meses fueron buenos para ambos, con algunas bromas hirientes, pero no las consideraba importantes. Él jamás me dijo que no vistiera de cierta forma, que no leyera cierta literatura, que no asistiera a ciertos lugares; no lo decía explícitamente, pero por sus gestos o reacciones me daba cuenta que le molestaba. Entonces dejé de hacer lo que a él no le parecía.

Así comenzó todo, con pequeñas acciones que posteriormente fueron aumentando su gravedad hasta el punto que me daba miedo contradecir sus posturas. Al año decido terminar todo, pero mediante chantajes y amenazas me obliga a seguir con él. La situación no cambió y las agresiones iban en aumento, desde “jugar” a que me aventaba a las vías del metro, hasta ponerme un cuchillo en el cuello mientras me obligaba a decirle que no lo iba a dejar.

Después de dos años de relación, vino la primera violación sexual. Las siguientes fueron con golpes y con sentimiento de culpa, pero si me iba, mi vida corría peligro, así como él lo decía, “sabes que tengo poder político y poder económico, no puedes hacer nada en mi contra”. Los días posteriores estaban llenos de flores, cartas, libros, salidas a comer, regalos bastante ostentosos y de nuevo, yo creía que las agresiones eran exageración mía.

Finalmente, medio año después decido terminar con todo, incluso si mi vida estaba de por medio y afortunadamente no. No lo volví a ver, no sé absolutamente nada de él, ahora mi preocupación son las chicas que estuvieron antes de mí y las que posiblemente estarán después”.

Acompañamiento para salir de la violencia

“Dentro del proceso terapéutico que me salvó la vida, llegamos al punto en que me di cuenta que mi malestar venía de la relación que tenía y decidí terminar con él. No fue fácil, me llevó varias sesiones aceptar la violencia que vivía y varias sesiones para tomar la decisión de terminar y otras tantas para elaborar el duelo.

Hago hincapié en el proceso terapéutico ya que muchas veces creemos que terminar una relación de codependencia se da de la noche al mañana y que es fácil pero no lo es y se necesita de toda una red de apoyo, incluyendo profesionales de la salud mental para evitar recaídas.

A casi 6 años de haber terminado esa relación puedo decir que, aunque no fue fácil, es lo más sano que he hecho por mí. A él no lo volví a ver y espero seguir así, no le agradezco no le debo nada, todo el crecimiento personal, emocional y profesional me lo debo a mí misma, de haber sido por él yo estaría internada en un hospital psiquiátrico”.

Agradezco ser valiente

“Estaba por cumplir 16. Él tenía 21.  Fuimos al parque, bebimos un par de “caribe cooler” (en el parque está prohibido) mientras veíamos el atardecer, un plan romántico, un día soñado (según). Unos polis se acercan a ver qué hacemos y si no estamos ingiriendo alcohol. Nada, no encontraron nada. Me puse muy nerviosa y por error moví la bolsa dónde venían las botellitas.

Se lo iban a llevar a los separos por ser mayor de edad (no traíamos para la “mordida”) no sé cómo le hizo, pero lo soltaron.

Nos fuimos camino a mi casa, él iba enojadísimo, ¡claro! Su novia estúpida lo metió en problemas, me sentí fatal. En mi culpa le pedía mil disculpas, agarró una lata de jugo “Arizona” y con la fuerza de su mano lo aplastó entre sus dedos, volteo y me dijo “mira que tanto daño podría hacerte solo con una mano”.

Desde ese momento debí alejarme… pasaron 5 años para que logrará de sentir culpa por eso y muchas cosas más. Pasaron 5 años para que me diera cuenta que el amor no duele. El amor, no es violencia.

Ahora sé qué un amor cuando lástima no vale la pena, nunca valdrá la pena, un agresor no cambia, ni entre mil promesas de amor. No cambia, porque les gusta sentir el “poder” sobre alguien, porqué solo sometiendo a alguien más ellos se sienten fuertes.

Me agradezco haber tenido las ganas de salir, el ser valiente, el no volver definitivamente porqué si, volví un par de ocasiones, pero solo a darme cuenta que siempre sería igual.

Ningún amor vale lo que me pudo costar ese amor. Me amo, soy libre y no me quiero sentir JAMÁS de nuevo bajo el poder de alguien. Un amor libre, sano y feliz”.

Crecer intoxicada con la idea del amor romántico 

“Yo recuerdo que desde niña crecí con el mito de que el “amor era para siempre”, crecí pensando que con el hombre que me casará sería para toda la vida.

#YoTambienVivíViolencia a manos del papá de mi hija. No, no hubo golpes, pero sí existió violencia verbal y psicológica entre otras maneras de violentar.

Recuerdo que a veces teníamos para comer y a veces mi familia nos ayudaban con cosas para la hija ya que ella estaba bebé y yo no podía trabajar.

Tiempo después, entré a trabajar mientras el cuidaba a mi pequeña, ya que él trabajaba y a veces no. Él aprovechaba mi ausencia para meter a mujeres a mi casa, a mi cama para hacer sus cosas escondidas.

Las mujeres con las que se relacionaba aprovechaban para hacerme llamadas para decirle “lo bien que la habían pasado con mi esposo”.

Yo recuerdo que me sentía nada la peor la más fea. Viví violencia económica, verbal, Psicológica.

No me sentía capaz de cambiar mi vida simplemente porque pensaba que ese era mi destino y confiaba que el cambiaría con el tiempo que todo mejoraría.

Otras circunstancias que no fueron amor propio me obligaron a irme de ahí. Y fue así como me fui con una sola decisión.

Ahora sé que fue lo mejor que me pudo haber pasado en mi vida…”

 

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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