Más policías en México, ¿para qué?

Por   | Periodistas-es

25 de agosto de 2014.-El Gobierno de Peña Nieto acaba de anunciar a bombo y platillo la puesta en marcha de una nueva “policía” que parece la panacea de la seguridad en el país. Son 5000 agentes, pero parecerían cinco millones a tenor del tono empleado en su mensaje de presentación.

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Se trata de “una nueva División de la Policía Federal que se suma a las Divisiones de Fuerzas Federales, Seguridad Regional, Investigación, Científica, Antidrogas e Inteligencia, para fortalecer las capacidades institucionales de prevención de los delitos”. Su misión es “salvaguardar la seguridad de las personas y sus bienes, en las instalaciones, eventos, comunidades, regiones, zonas, rutas o puntos estratégicos que determine, para proteger las fuentes de empleo derivadas de los ciclos económicos y productivos, que estén relacionados, entre otros, con el turismo, la agricultura, la industria, la ganadería, la minería, la pesca y la generación de infraestructura para coadyuvar al desarrollo económico y social de México”.

La visión que pretenden es “generar seguridad para la prosperidad mediante un nuevo modelo de atención a los factores criminógenos, entre los que se encuentran la desigualdad social, el desempleo y la falta de oportunidades”. Para ello, sus integrantes fueron seleccionados de entre más de 130 mil ciudadanos, después de un riguroso proceso de entrevistas y evaluaciones de control de confianza. En cuanto a los mandos, han sido elegidos en función de su experiencia de entre los mandos en activo de la Policía Federal, tras un “riguroso proceso de evaluación y capacitación”.

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Y parece que serán como Dios, porque estarán en todas partes, ya que el cuerpo “cuenta con amplia capacidad de despliegue operativo que le permitirá desplazarse conforme a diagnósticos criminológicos y económicos para brindar seguridad en las zonas, territorios y puntos estratégicos que le sean asignados, durante el tiempo que se requiera”.

La otra cara
La otra cara de la noticia es que los ciudadanos no se creen nada de lo que anuncia Peña Nieto, porque piensan que es más de lo mismo: policia corrupta al servicio de los cárteles de la droga, autores o co-autores, y, cuanto menos, encubridores de miles de asesinatos y desapariciones, así como de secuestros.

Para algunos expertos en inseguridad y desapariciones, como el periodista José Reveles, la creación de la nueva gendarmería significa que el Gobierno está reconociendo una realidad terrible: que el país ha alcanzado un nada envidiable récord de ciudades, pueblos, y regiones enteras, sumidos en la ingobernabilidad. En su momento, el expresidente Felipe Calderón (2006-2012) ya reconoció que en su propia tierra natal, Michoacán, había una delincuencia que no solamente se había enseñoreado de muchos pueblos y comunidades, sino que además cobraba impuestos y porcentajes sobre la venta local y la exportación de alimentos, por ejemplo.

Policia dispara

Para Reveles, además de la más que evidente realidad de Michoacán, Tamaulipas, Guerrero y Estado de México, por citar algunos ejemplos, ese econocimiento proviene del mismo discurso oficial de inauguración de la gendarmería. “Asumí el compromiso de poner al servicio de los mexicanos una nueva fuerza policial para asegurar el control territorial del Estado en las zonas con mayor debilidad institucional”, dijo Enrique Peña Nieto.

Si el Gobierno presume de que la Gendarmería tiene sólida “formación policial y militar”, que será cercana a la ciudadanía, el periodista se pregunta “¿cómo, si continuará con la política de los años recientes de invadir, como la Marina y el Ejército y la propia Policía Federal a la que quedó incorporada, a Estados y municipios como un ejército federal de invasión?” Y recuerda el caso de Michoacán, en donde se anuló la soberanía estatal, “y todo el esquema de gobierno lo dicta el virrey Alfredo Castillo, que se dio el lujo de poner en los puestos clave del gobierno a un equipo llevado desde el Estado de México”.

Reveles tiene muchas más preguntas: ¿Cómo puede llamársele policía de proximidad con la ciudadanía, si llegan los elementos enviados desde el centro del poder federal y no pertenecen a las comunidades? ¿Cuál es la diferencia con las viejas Fuerzas Federales de Apoyo, que en realidad eran soldados que cambiaron el uniforme verde oliva por uno gris, en el más acabado paradigma punitivo para, supuestamente, acabar con la delincuencia?

En cuanto a que la Gendarmería tendrá una “amplia capacidad de despliegue itinerante”, opina que “no es más que otra simulación de remedio a la tragedia humana que todavía persiste en el país”, porque, como lo demuestra el semanario Zeta de Tijuana ahora mismo, en un comparativo de estadísticas entre los estados y el INEGI, hay más violencia homicida con Peña Nieto que con Calderón; hay más secuestros también, según todas las fuentes confiables. Sin embargo, el priismo redivivo insiste en maquillar cifras, para decir que bajó un 27,8 % el número de homicidios dolosos en comparación con 2012. La realidad, insiste Reveles, es que el número de desaparecidos “sigue siendo demencial”: casi 10.000 este sexenio, para arrojar una cifra ya reconocida oficialmente de 22.322 personas “no localizadas”, como ahora se llama a la desaparición forzada, a la privación ilegal de la libertad, o al secuestro.

Si los índices delincuenciales van a la baja, según un Gobierno para el que la “percepción mata la realidad” y por ello casi prohíbe que se den las cifras de la tragedia nacional, ¿cuál sería la razón para crear una nueva policía con cinco mil elementos de partida, equivalentes a un 18 % de aumento de la fuerza policial federal actual?, inquiere Reveles.

Su excepticismo en cuanto a la “bondad y eficacia” de este nuevo cuerpo no deja dudas, pues afirma que, con al menos 22 delitos, la delincuencia organizada desafía al gobierno, que continúa siendo reactivo y no dedica ni el uno por ciento de su enorme presupuesto federal en seguridad (157.000 millones de dólares –casi 119.100 millones de euros-, diez veces más de lo que se destinó al tema en el último año de Vicente Fox y más de los 120.000 – cerca de 91.000 millones en euros- que le asignó Calderón) a tareas preventivas.

Reveles afirma que “la Gendarmería Nacional es el nuevo parche para la deteriorada seguridad, que el gobierno insiste en llamar Pública, Nacional o Interna, pero no una ´seguridad humana´, como también sugiere el experto Edgardo Buscaglia en su reciente libro Vacíos de Poder en México, en el que alude a un “Estado ausente o corrompido”. Dice también Buscaglia: “No es casual que México sea el segundo país del planeta, solo después de la Federación rusa, con la mayor proporción del PIB en manos de billonarios parasitarios, a quienes un Estado débil y capturado les ha concedido obscenos ‘cotos de caza’ en forma de concesiones oligopólicas mediáticas, de telecomunicaciones, bancarias, etc.” Ahora también en forma de concesiones petroleras y de electricidad, agrega José Reveles.

Ni Reveles ni Buscaglia mienten, tergiversan o exageran. Hace unos días, la Procuraduría General de Justicia en el Estado (PGJE) informó de la detención de tres mandos policiales en el municipio de Villa Jiménez, Michoacán, acusados de cometer labores de extorsión y “halconeo” (vigilancia) para el crimen organizado. En un comunicado, la dependencia local señaló que los detenidos son Daniel Monroy Jiménez, director de Seguridad Pública municipal; Saúl G., primer comandante de la Policía Municipal; y Juan Carlos C., delegado de Tránsito, dependiente de la Secretaría de Seguridad Pública en el Estado (SSP). Todos ellos cobraban cuotas a funcionarios municipales para luego entregar el dinero a un grupo delictivo.

No hace falta más polícia, hace falta “limpiar” de delincuentes los cuerpos de seguridad, llámense federales, estatales, municipales, ejército o marina.