‘Quieren acabar con el sueño de transformar a México’: John Ackerman

    Por Alejandro Melgoza Rocha (publicado en Telesur el 12 octubre 2015)

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    Regeneración, 28 de octubre del 2015.“Ya no quieren que soñemos con la transformación del poder político del país”, dice tajante el doctor en sociología política, John M. Ackerman, quien sostiene que la alternancia en el 2000 sólo fue una farsa, pues se quiso hacer creer a los mexicanos que las más de 7 décadas priistas habían concluido, sin embargo, a su parecer es muy simple: “es el mismo sistema que inició en 1946”.

    El académico de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM) desarrolló esta explicación en su nuevo libro El mito de la transición democrática de la editorial Planeta. En entrevista con teleSUR destaca que hay una reedición del priísmo cuyo objetivo es “repudiar las victorias de la Revolución Mexicana y del sexenio de Lázaro Cárdenas”.

    John M. Ackerman, autor del libro ‘El mito de la transición democrática’, explica cuándo empezó el régimen de represión que ve hoy en México, qué hacen los gobernantes mexicanos en vez de defender la soberanía nacional y cómo los medios gobiernan en el país. Además, Ackerman reflexiona a qué parte de América pertenece México, por qué Estados Unidos está más interesado en México que México en su vecino y que tiene que ver con ello Rusia y China.

    La estrategia se ha valido de una “contraofensiva ideológica y represiva”, la “operación cicatriz” con el fin de cooptar, las “contrarreformas” estructurales, los mecanismos autoritarios de violencia (como los encapuchados cuya presencia es sistemática en las marchas) para desarticular la protesta social e intimidar a la población; el clientelismo bruto de compra-venta de votos, hasta una “guerra psicológica” con los bots en las redes sociales.

    Ackerman los pone al desnudo pero además describe él mismo a su obra como de “esperanza”, donde plantea que es posible cambiar la realidad del país. “El sistema está perdiendo su capacidad de legitimarse (…) El régimen sigue muy estancado, son los mismos de siempre, la buena noticia es que de parte de la sociedad hay renovación y nuevos proyectos”, precisa.

    Contraofensiva

    El primer paso que dio la administración tricolor cuando llegó a Los Pinos en 2012 –de acuerdo con el autor- fue lanzar una “contraofensiva ideológica y represiva” en contra de los movimientos sociales. “Ello con el fin de generar una ventana de oportunidad suficientemente grande para poder imponer algunas reformas clave durante los primeros años de gobierno sin generar una reacción social de mayor envergadura”, refiere.

    También lo fue a nivel mediático, dice, por parte de los grandes consorcios mediáticos como Televisa y TV Azteca, quienes en 2010 realizaron una “estrategia totalitaria” con el lanzamiento de la Iniciativa México (IM), la cual tuvo como objetivo “calmar los ánimos sociales durante el centenario de la Revolución Mexicana”. En algunos de los comerciales apareció el ex director técnico Javier “El Vasco” Aguirre, invitando a “dejar atrás el México que busca culpables”.

    —¿Esta contraofensiva también tiene que ver con la reivindicación de personajes como Porfirio Díaz?-se le pregunta al académico.

    —Así es. El PRI tiene claro que no es suficiente tener el poder político-económico. Necesitan una legitimidad cultural. Ellos inician con la contraofensiva ideológica, porque al final la sociedad mexicana está inspirada por la revolución mexicana; entonces desesperadamente intentan cambiar eso con la Iniciativa México y esa extraña celebración de Porfirio Díaz.

    Al respecto comenta que hay toda una cargada de “liberales de derecha” como el historiador Enrique Krauze, el ex canciller Jorge Castañeda y el extitular del IFE, José Woldenberg. “Toda esta línea de pensamiento de liberalismo de derecha coquetea mucho con tratar de expurgar la historia de luchas sociales y populares”.

    Operación cicatriz

    Ackerman narra en el capítulo del “Fraude institucionalizado que décadas atrás cuando iniciaban las elecciones, los precandidatos recorrían todo el país, tomándose fotos y dando entrevistas; después venía el “dedazo” y el “destape”, en el cual se presentaba “el ganador” frente a las cámaras. Posteriormente, como explicaba el historiador Daniel Cossío Villegas, “venía la operación cicatriz y la cargada alrededor del candidato seleccionado de manera unilateral por el presidente saliente”.

    Lo anterior tiene relevancia sobre el mito de la transición democrática, pues “hoy ocurre algo similar entre los candidatos presidenciales (…) Las campañas sólo son momentos para presentar ante la sociedad al candidato previamente elegido por los poderes fácticos, y los comicios son momentos simbólicos para la demostración del poderío de una pequeña minoría de élites. Y después de las elecciones cualquier diferencia subyacente se arregla tras puertas cerradas con una gran ´operación cicatriz´, hoy llamado Pacto por México”.

    El analista en materia política aclara que esto no es sino un legado de los que han “custodiado nuestra transición fallida desde 1996”: José Woldenberg, Luis Carlos Ugalde, Leonardo Valdés y Lorenzo Córdova. De este último abunda que “es un ejemplo del agotamiento del modelo de transición democrático institucional”.

    Populismo priista

    “El nuevo PRI es peor que el viejo”, comenta el profesor de la Facultad de Derecho en referencia a las formas que guardaban los cuadros priistas de antaño, como las de la revolución, la defensa de la soberanía nacional e incluso la alianza con América Latina. Explica que ya no se preocupan por legitimar ese discurso. “Este régimen ya no tiene ese despotismo ilustrado, ahora es un despotismo desnudo”.

    Añade: “Ha perdido cualquier idea de equilibrios, de la oposición del que resiste, como decía Reyes Heroles, apoya. Hasta el viejo PRI tenía claro eso, ayudaba a tener cierta oposición y resistencia, porque legitimaba al régimen. El nuevo PRI no tiene ninguna idea de eso, para ellos cualquier cosa resista no apoya, sino que es su enemigo público número uno”.

    Entre el viejo y el nuevo sí hay una característica que persiste: el populismo. Incluso en recientes fechas, frente a la Asamblea General de la ONU en Nueva York, Peña Nieto alertó sobre el peligro que representa este fenómeno, sin embargo, a decir del doctor “el partido quizás más populista del mundo es el PRI; el que compra votos, promete milagros y utiliza al pueblo para enriquecer y empoderar a unos pocos”.

    “Peña es el ejemplo de líder populista que engaña a las masas. El imagina, porque él nada más digiere el discurso ideológico de los EU, que el populismo es Lázaro Cárdenas o López Obrador (…) Los populistas son los que usan el discurso de lo popular para recubrir la realidad, y para eso el PRI es un experto en el mundo en prometer grandes magias transformadoras”, apunta.

    Esperanza

    Una gran señal para el investigador del Instituto de Investigaciones Jurídicas de la UNAM es que la ciudadanía desconfía y repudia a la clase política. Dice que el reto es la “unidad y confluencia de las luchas políticas porque uno de los grandes fracasos de los últimos 20 o 30 años ha sido caminar por separado (…) Lo más importante es articular movimientos sociales y las nuevas opciones políticas”.

    “Este poder ya apesta. Los aires democráticos ya huelen terrible, ya está putrefacto. No tiene ningún sentido competir con las reglas del juego del autoritarismo; tenemos que cambiar las reglas del juego, pero eso implica simultáneamente una acción social y política. “Tenemos que seguir por lo menos en un inicio el ejemplo de Grecia, España, Bolivia y Ecuador”.

    También explica que sólo México y Colombia son los únicos países de Latinoamérica que no han cambiado de régimen, donde los demás han respondido frente a las políticas neoliberales y de pobreza en los últimos 20 años. “México se ha quedado fuera pero tenemos que insistir en que sí es posible (…) Para generar un frente político popular hay que aprender de nuestros amigos y colegas de América Latina”, concluye.