Teoría de la Traición

¿Es traición la plusvalía? ¿Espiar es traición? ¿La usura es traición? 

Rebelión/Universidad de la Filosofía

6 de septiembre de 2014.-No todo engaño es, necesariamente, una “traición” ni todo cambio de opinión es, por sí mismo, un acto de “traición”. No hay moral monolítica que resuelva ese galimatías. Dice el diccionario en sus ambigüedades: Traición. 1: f. Violación de la fidelidad o lealtad que se debe. 2: Delito que se comete contra la patria o contra el Estado, en servicio del enemigo. 3: a traición loc. adv. Alevosamente, faltando a la lealtad. 3: alta traición. La cometida contra la soberanía, la seguridad o la independencia del Estado. ¿Y si el estado es burgués, represor, espía y belicista? ¿Lealtad a quién, a qué, por qué?

capitalismo

Todo en el capitalismo está infestado con las traiciones que conlleva un modo de producción corrupto, por definición, que prohíja engaños a mansalva para mantener a los pueblos ciegos y sordos frente al espectáculo criminal de los despilfarros seriales burgueses, animados de belicismo mercantil. “Lealtad y filantropía tienen una misma raíz feudal” dice Iván Padilla.

El capitalismo tiene su propia “teoría y práctica” de la traición camuflada como “doctrina del desarrollo” para imponérnosla como la zanahoria al burro. Su aparato ideológico produce traiciones a granel para que el pensamiento del proletariado se empantane en las cloacas del ilusionismo y la cultura chatarra. No obstante la clase trabajadora sabe cómo opera el cuchillo que atacará, por la espalda, porque ataca diariamente y, a pesar de saberlo, el miedo pavimenta la autopista de la traición y solemos quedamos indefensos en el baile de mascaradas burguesas que quieren imponernos como “ bonita tradición”. Desfalcar los principios acordados y mandatados socialmente es traición.

Una “traición” que duele es aquella que proviene de alguien en quien confiamos o creemos. No es el caso del capitalismo en el que ni creemos ni confiamos. “Sobre aviso no hay engaño”. No obstante ha operado como una maquinaria de “traiciones”, que ha humillado la confianza que algunas veces los trabajadores han tenido en la palabra dada o escrita. No obstante nunca está de más cuidarse las espaldas, mientras se viva en un sistema especialista en traicionarlo todo, incluso a sí mismo con sus baluartes, como en las luchas inter-burguesas y en el desarrollo de los monopolios. Característica suprema de la fase superior del capitalismo. La puñalada no siempre vendrá por la espalda, no hay honor en la burguesía donde cada cual atiende su juego de intereses, donde el otro es un estorbo, una amenaza o un enemigo. La lucha de clases está plagada con traiciones que la burguesía planea día y noche en lo objetivo y en lo subjetivo. Circo ideológico burgués, perverso y paranoico, en el que todo es mentira… incluso lo que hace para que parezca que no todo es traidor ni falso. Para muestra están los botones reformistas.

Las organizaciones de la burguesía se construyen para sabotear la fuerza social revolucionaria. Hay que desconfiar del capitalismo, de sus “mitologías” y de sus deseos consagrados sistemáticamente a la alienación de los trabajadores. La ideología de la clase dominante es precisamente una bestia nómada que transita y muta permanentemente entre anti-valores. Hay que combatirla en todo terreno (y de todas las maneras) porque siempre quiere sedentarizarse en las conductas y los pensamiento de la clase trabajadora. No aceptemos a los traidores que siguen prometiéndonos más “felicidad” burguesa. El verdadero cambio político consiste siempre en suprimir la propiedad privada, devolver a los pueblos su derecho a la propiedad que otorga su trabajo y derrotar en toda la línea a la ideología de la clase dominante. Que mande la voluntad mayoritaria del proletariado. No hay engaños.

La traición no es un terreno reservado a los moralistas, la traición es consustancial al capitalismo, para el cual no traicionar es perecer porque la traición es la expresión superior de su pragmatismo y ese se aloja en el centro mismo de sus intereses mercantiles. El modelo de traiciones burguesas exige tener adaptación constante de los espejismos en la conciencia de los pueblos y de las fuerzas subterráneas de los intereses bancarios. Requiere la traición como sistema de gobierno. El Alma Mater de los Reformistas. Hasta Judas se asusta.

En la mercancía habita una trama de traiciones al trabajo y esto significa, en primer lugar, que cada vez tenemos más falacias de mercado infiltradas por el sistema como su maquinaria de espejismos. Si queremos desnudar al capitalismo hay que aferrarse a evidenciar su sistema de traiciones. Una clave interesante sería la noción de “verdad” que tanto manipula el buen burgués y en lo que, para ocultarla, gasta fortunas permanentemente. Dicho de otra manera, la traición es exactamente la estrella narcisista fabricante de miedo entre “traiciones internas” “Altas traiciones” planeadas detrás de la máscara del “buen burgués”, de sus moralistas, de sus abogados de un modo de producción degradante ideado para no cumplir con otra cosa que con sus intereses y exudar demagogia que no es otra cosa más que la hija perversa de la democracia burguesa, del poder de las armas y de sus mass media. El colmo de las traiciones.

No hay novedad. Para la burguesía la traición a los trabajadores es un logro moral cuya naturaleza es la expresión de su cobardía criminal. La traición es una necesidad imperiosa del Capitalismo y debe hacer gala de elasticidad para intervenir en los sus intereses donde la traición es elemento cotidiano del ejercicio de su poder. La traición es, pues, una conducta permanente de la irracionalidad. Infidelidad y mentira del el traidor es proceso disfrazado de legitimidad para destruir a la clase trabajadora y suprimir su fuerza revolucionaria. Estamos obligados a luchar contra la burguesía especialista en traicionar todo a punta de engaños y balazos. Luchar contra la burguesía y su partidos “nacionales” que anhelan dirigir a los trabajadores hacia el abismo y sacrificarlos, en cuerpo y alma, en la trituradora humana que es la guerra imperialista, que es el comercio burgués, sólo que por otros “medios”. Abel y Caín parecen niños de pecho.