Andrea, la devaluación del peso y el fracaso del Doctor Carstens

La debacle del superpeso, ahora superdevaluado, no se debe a “factores externos” ajenos al país, sino a la propia vulnerabilidad de la economía mexicana frente a las políticas de Estados Unidos, principal destino de las exportaciones mexicanas (80%).

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Por: Enrique Pino Hidalgo, Profesor-Investigador del Área de Economía. Institucional. UAM Iztapalapa.

Regeneración, 30 de enero 2016.- Por experiencia propia, la población sabe que toda devaluación genera el encarecimiento de las mercancías importadas y nacionales que utilizan materias primas, insumos o refacciones que se pagan en dólares. Sin embargo, conviene precisar que la actual devaluación del peso no ha impulsado, hasta ahora, todo su poder inflacionario como en los años setentas y ochentas. De cualquier modo, es un hecho que el aumento de precios se manifiesta en los electrodomésticos, las medicinas y en las tarifas de los transportes, por ejemplo.

De acuerdo con la Unión Nacional de Empresas Farmacéuticas (Unefam), en promedio las medicinas aumentaron un 15% el año pasado. Por su parte, los empresarios de la industria automotriz han reconocido que el alza del dólar frente a la moneda nacional impulsará el aumento en los precios de los automóviles, las autopartes y todo tipo de transportes cuya fabricación utiliza partes importadas.. Los fabricantes dicen que han absorbido el 24.5% de depreciación del peso, pero los precios de los automotores tendrán una “actualización” que afectará directa o indirectamente (pasajes y fletes del transporte público) el poder adquisitivo de los salarios y el modesto nivel de vida de la población.

El responsable de asegurar la estabilidad cambiaria del peso frente a las monedas extranjeras –el dólar o el euro-, es el Banco de México y su director Agustín Carstens. Hoy estamos frente a un sonoro fracaso debido a que el peso ha acumulado una pérdida de valor del 27.5 por ciento desde finales de mayo de 2014 hasta mediados de agosto de 2015 (según cálculos de Banxico). El desastre no termina aun. La caída del peso se ha acelerado en las últimas semanas llegando al borde de los diecinueve pesos. Pero, la debacle del superpeso, ahora superdevaluado, no se debe a “factores externos” ajenos al país, sino a la propia vulnerabilidad de la economía mexicana frente a las políticas de Estados Unidos, principal destino de las exportaciones mexicanas (80%). Esta debilidad provoca, por ejemplo, que la devaluación coloque en quiebra a empresas y particulares que contrataron deudas en dólares. Además, retroalimenta una mayor especulación e incertidumbre que frenarán el mediocre crecimiento de la economía y la escasa creación de empleos. Estamos sufriendo la primera gran devaluación del peso asociada a la estrategia neoliberal y privatizadora vigente desde hace treinta años. Un programa distinto que defienda con eficacia al peso y la economía popular empieza por un cambio de gobierno y una nueva política económica que ponga verdaderamente en el centro el empleo y la prosperidad de la población. No olvidemos que la economía trata de las personas y su bienestar.