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Tres gobernadores, Moreno Valle, Graco Ramírez y Miguel Ángel Yunes, buscan heredar sus respectivas gubernaturas a familiares cercanos. La esposa de Moreno Valle será la candidata a la gubernatura de Puebla, el hijo de Yunes va por la gubernatura de Veracruz y el hijastro de Graco Ramírez va por Morelos

Por Aldo Fabián Hernández Solis
Black Magazine

Nunca dejan de sorprender las campañas electorales, hay actos recurrentes que son síntomas del estado de descomposición total de la política mexicana. Me refiero al nepotismo y la construcción de dinastías políticas. No es un fenómeno nuevo, hay familias que hacen de la política y el poder su patrimonio desde hace varias generaciones. Una constante del poder en México es la permanencia de ciertos apellidos a lo largo del tiempo.

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Tres casos, que no son los únicos, en los últimos días marcan una reafirmación de la cultura patrimonialista en la política nacional. Tres gobernadores, Moreno Valle, Graco Ramírez y Miguel Ángel Yunes, buscan heredar sus respectivas gubernaturas a familiares cercanos. La esposa de Moreno Valle será la candidata a la gubernatura de Puebla, el hijo de Yunes va por la gubernatura de Veracruz y el hijastro de Graco Ramírez va por Morelos.

Un escándalo que sin embargo, pasa casi desapercibido por los grandes medios de comunicación. Se acepta como algo normal o aceptable. ¿Qué hay detrás de estos actos de nepotismo que se generalizan? Es la corrupción política en el sentido más general, en dónde el cargo se piensa como parte del patrimonio, como conquista ganada a la que no se puede renunciar.

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El cargo que es para servir, se utiliza como patrimonio, para sacarle jugosas rentas, para ser parte de la élite del poder. Colocarse arriba del resto. Un régimen político con estas características no puede llamarse democrático. El atraso político, junto con todo un arsenal de defraudación y manipulación, permite estos actos de corrupción.

La batalla es cultural, por el sentido de los actos, por señalar y desnudar la dominación y la corrupción política. Estos actos deben escandalizar a la sociedad, deben ser inaceptables. El aura de poder que entrañan ciertas familias, es un espejismo, no son los más capaces ni los más brillantes, su poder emana esencialmente, como toda dinastía, de la corrupción política.

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