Con poca producción local por la guerra, los pacientes recurren a medicamentos por contrabando costosos y potencialmente peligrosos
Regeneración, 2 de junio 2026– Más de tres años de guerra civil han dejado en ruinas el sistema de salud en Sudán: hospitales, clínicas y fábricas de medicamentos han cerrado, y las importantes cadenas de suministro y almacenamiento de material médico en el país se han visto afectadas.

Guerra
La guerra inició como una disputa de poder entre las Fuerzas Armadas Sudanesas (SAF) y las Fuerzas de Apoyo Rápido (RSF).
Ha resultado en más de 50 mil muertes y el desplazamiento de 14 millones de personas, lo que representa casi una cuarta parte de la población del país.
El devastador conflicto detuvo la producción de medicamentos nacionales e hizo colapsar las cadenas de suministro necesarias en todo el territorio.
Según un comunicado de la Organización Mundial de la Salud (OMS) del 14 de abril de 2026, Sudán enfrenta la crisis humanitaria más grave del mundo.

Carencia
De los 34 millones de personas que requieren asistencia, 21 millones carecen de atención médica básica.
Ante el vacío que dejó el cierre de las empresas farmacéuticas, las redes de contrabando crecieron.
Este contrabando llena el mercado con medicamentos sin regulación, comúnmente conocidos como «Boko».
Entre estos se encuentran medicamentos intravenosos esenciales para el tratamiento de la malaria que son introducidos de contrabando a través de las fronteras.

Sin control de calidad
Estos medicamentos evitan completamente los rigurosos controles de calidad y temperatura en su transporte.
Por esta razón, con frecuencia estos fármacos están en condiciones deficientes, lo que los hace totalmente ineficaces o peligrosamente tóxicos para quienes los consumen.
En las farmacias de Omdurman, en las afueras de Jartum, la crisis va más allá de la simple falta de productos.
Los pacientes ahora deben enfrentar la combinación de precios exorbitantes y problemas de calidad que amenazan su salud.

Industria
La guerra ha desmantelado prácticamente la industria manufacturera local, lo que ha revertido años de avances en autosuficiencia médica.
Yasser Ahmed Youssef, experto en el sector farmacéutico y dueño de una fábrica en Jartum, subrayó el notable contraste con la situación anterior al conflicto.
Las plantas de producción cercanas podían generar «altas cantidades de medicamentos que son esenciales para la vida.
Esto abarcaba medicinas para controlar la presión arterial, la diabetes, los resfriados y el cuidado de los niños».
En la actualidad, muchas de esas líneas de producción han dejado de funcionar, dejando a la gente a la deriva en un sistema de salud en ruinas.












