Videgaray y Meade: Los caballos de Troya

Recuerdo un dicho de John Saxe-Fernández: “si te controlan la seguridad nacional (cosa que hoy se comprueba) y la política exterior, eres una colonia”

 

Por Gonzalo Ballesteros. | EscenariosXXI

(Licenciado en Relaciones Internacionales por la UNAM, presidente del Instituto de Política Internacional).

 

Regeneración, 26 de noviembre de 2017.- Mostrando una foto al lado del actual candidato del PRI a la presidencia de México, el ex Secretario de Hacienda y actual Secretario de Relaciones Exteriores, Luis Videgaray, celebró el pasado 15 de junio su amistad de 30 años con el ahora exsecretario de Hacienda.

Los dos economistas del Instituto Autónomo de México (ITAM) se doctoraron en universidades estadounidenses donde la formación académica tiene una orientación marcadamente neoliberal: Videgaray egresó del Massachusetts Institute of Technology (MIT) y Meade de Yale; lo que hace de ambos perfectos tecnócratas en mancuerna.

Hay un elemento que verdaderamente no deja lugar a dudas de la dupla tecnócrata y es que ambos personajes han jugado en la arena pública en dos de las posiciones más estratégicas del Estado mexicano: Cancillería y la Hacienda pública. Hay que agregar, además, que Meade fue Secretario de Energía, posición altamente estratégica considerando la profunda reforma energética que impulsó el Pacto por México.

Videgaray ha sido elogiado muchas veces por la derecha mexicana e internacional, y hasta se ha reconocido su enorme influencia sobre el presidente. No olvidemos que su papel como jefe de campaña para Enrique Peña Nieto fue decisivo, tan sólo recordemos las constantes acusaciones sobre el desvío de dinero orquestado por Videgaray para la campaña de Enrique Peña Nieto [1].

José Antonio Meade, a pesar de ser un panista de tradición familiar, fue invitado a ser canciller durante el periodo 2012-2015 teniendo ya en su carrera profesional el haber pasado por el enorme encargo de conducir la política energética del país como titular de la Secretaría de Energía, posición desde la cual realizó una adecuada gestión y administración de la desarticulación de Pemex y CFE, así como de la puesta, a punto de venta, de los recursos energéticos del país al sector privado.

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Antes de que Videgaray entrara a la cancillería (en su carácter de Secretario de Hacienda) desapareció de la escena política por un tiempo a causa, se pensó, de su mal manejo ante la invitación del entonces candidato a la presidencia de los Estados Unidos, Donald Trump, quien llegó a México con una postura altamente soberbia e hiriente para el pueblo mexicano. Al regreso de Videgaray como canciller, en la comparecencia ante el senado el 28 de febrero, explicó de manera ordenada y perfecta todo un plan de relaciones exteriores sin ningún error para la ejecución en cada área y región del mundo, mostrando completo conocimiento como si hubiese recibido instrucciones precisas, no de los Pinos ni sus consejeros, sino de algún cuerpo político ajeno al nacional, porque coincidía claramente con las grandes directrices del capital extranjero.

Desde la llegada de Videgaray a la cancillería no se ha visto ninguna declaración contundente frente a nuestro vecino del norte. Vemos cada semana insultos de Donald Trump ante una política exterior de sumisos que no hacen valer el respeto que nos merecemos.

Por otro lado, Meade, a la sombra de Videgaray, ha mostrado las mismas capacidades sin ser tan reconocido como un gran influyente, lo que lleva a pensar que es su amigo el que ha ordenado ponerlo en los puestos clave del país: las riendas neoliberales y los cables exactos para poner a la nación en charola de plata a los altos capitales extranjeros y, por qué no decirlo, a los intereses de Washington, si llegara a la presidencia.

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Esta opinión no pretende formular una conspiración más, pero es innegable que el trabajo de ambos no pertenece a una agenda de la élite nacional, al contrario, acompañados de ésta plutocracia doméstica, los dos han ejecutado, a manera de receta, planes completos para profundizar en México un control cada vez más obvio a intereses ajenos a los del pueblo mexicano.

No es necesario poner en lista todas las artimañas de la mancuerna itamita; tan sólo con decir que las últimas reformas estructurales han sido promovidas, elogiadas y trabajadas por ellos, sumémosle las actitudes frente a Donald Trump y las posiciones contra Venezuela que nos indican que se trata de Agentes altamente corrosivos para el bien de nuestro país. El escenario actual deja ver que la renegociación del TLCAN a cargo de Videgaray estará manejada de tal manera que el beneficio será para las elites políticas transnacionales. En ningún momento Videgaray ha hecho valer el respeto a nuestro pueblo, la posición sumisa nos recuerda las actitudes de un fiel administrador de colonias del siglo XVIII.

En distintas ocasiones en mi columna de opinión he recordado frases de John Saxe-Fernández, Premio Jesús Silva Herzog y Premio Universidad Nacional en 2000. En una de sus tantas conferencias, recuerdo claramente un dicho que él mencionó “si te controlan la seguridad nacional — cosa que hoy se comprueba — y la política exterior, eres una colonia”.

Llegando a este punto, es inevitable pensar dos cosas: o nos perdemos en batallas internas que busquen elevar un ganador que dé la razón a la derecha o a la izquierda, y quién es mejor candidato, o le apostamos todo a Morena como única alternativa viable para detener el entreguismo de nuestro país. Lo anterior lo afirmo al constatar que sólo Andrés Manuel ha llevado a cortes internacionales el caso de la violación a los derechos humanos que ha hecho Donald Trump; por igual al defendernos y luchar ante la destrucción de una empresa tan estratégica como Pemex y contra las grandes compañías como Exxon Mobil, Shell, BHP Billiton, etc., y por recordarle al vecino del norte que, como lo hizo en éste último Congreso Nacional frente a cuerpo diplomático estadounidense, respeten nuestra soberanía.

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Se me puede acusar de ser maniqueo y olvidar los matices. Cuánto me gustaría estar equivocado, pero hay elementos, perfiles políticos y razones geopolíticas básicas, que es difícil no pensar que Meade y Videgaray son los conductos principales de la política exterior de Washington en el gobierno mexicano.

Me atreveré a decir una locura: Meade en la presidencia significaría la profundización de nuestra dependencia, una de tal magnitud, que trágicamente visualizo en un sepulcro la soberanía mexicana.

 

[1] La Revista Proceso, en su número 1865 (“Operación trasatlántica”, p. 6), mapeó cuatro puntos especiales de donde quizá provino el dinero: Estados Unidos, España, Italia e Israel.

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