‘Ya que manden a comerciales’

Manifestantes a favor y en contra de AMLO pusieron el ambiente afuera del Palacio de Minería, donde también entre risas, hubo quien pidió ‘comerciales’

 

Por Jorge Ricardo| Reforma

Regeneración, 23 de abril de 2018.- En Eje Central y Donceles dan los recibimientos: «¡Rateros! ¡Rateros! ¡Rateros!». Los que después van a gritar porras a Ricardo Anaya y Alejandra Barrales traen un moño rojo en el pecho y pancartas contra Andrés Manuel López Obrador. Del otro lado, los que dicen que es un honor estar con Obrador, casi sólo traen gritos. Y hay un momento en que lanzan lo mismo: «¡Rateros! ¡Rateros! ¡Rateros!» o «¡Corruptos! ¡Corruptos!».

«Ya ves. Te dije, el grito es para los de atrás», dice el líder de los senadores del PRI, Emilio Gamboa, a su operador político, José Luis Lecanda. Riéndose los dos, una vez que han cruzado las filas de granaderos que impiden la bronca, las rejas de fierro, el montón de reporteros. «¡Rateros! ¡Rateros!». A lo mejor tiene razón.

Da lo mismo. El grito se repite con el autor de la roqueseñal, el priista Humberto Roque Villanueva. Con uno de los ex voceros del «Pacto por México», el diputado perredista Jesús Zambrano; con el autor de la caída del sistema como excusa para dejar de informar los resultados electorales cuando no favorecen, Manuel Bartlett; con el jefe Diego Fernández de Ceballos, asesor de Ricardo Anaya. Es decir, casi a todos los invitados de los candidatos presidenciales que por la noche van a debatir.

Entran por Donceles, dan vuelta a la derecha por Marconi, una valla, dos detectores de metales, toman Tacuba, cruzan frente a camarógrafos y reporteros y van a un auditorio del Museo Interactivo de Economía. Son tantos. Hay tantos políticos como para llenar un museo. Desde ahí, 250 personas, 50 por candidato, mirarán el debate.

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«No va a ser divertido, lo importante es que el debate sea bueno para México», dice el jefe Diego, considerado ganador en 1994 del primer debate presidencial en la historia de México, quien después perdió la elección, aunque lo niegue: «¡Yo no gané ningún debate!». La voz rasgada por el tabaco. «No lo gané: fui el más brillante porque no me puse maquillaje. Zedillo y Cárdenas se pusieron polvos y maquillaje y yo cometí el error de ir como voy», dice.

«Lo mejor es que le vaya bien a México», dicen, con algunas variantes, los políticos. El presidente del PRI, Enrique Ochoa; el del PRD, Manuel Granados; el del PT, Alberto Anaya. Que le vaya bien a México, que gane el País. Etcétera.

«¿Lo más difícil? Creo que el reto mayor es entrar a la casa de millones de mexicanos y eso es lo va al lograr hoy Ricardo», dice la panista Josefina Vázquez Mota, perdedora ya de varios debates en 2012, cuando compitió por la Presidencia, y en 2017, cuando perdió en el Estado de México. El debate será a las 20:00 horas. Entran los invitados a partir de las 17:00 horas. Los de la coalición de Morena, PT y PES ya advierten que van a recibir con todo y lo aceptan.

«Creo que es bueno que suelten todo el lodo ahorita», dice Alberto Anaya, un poco despeinado, como si acabara de levantarse o de salir de una trifulca. «¡Ratero! ¡Ratero!», le gritaron allá atrás y por el revoltijo no se sabe si fueron los seguidores de López Obrador o los de Anaya que apenas ven a uno de Morena les lanzan: «¡Es un honor estar con el zángano mayor!»

El perredista Guadalupe Acosta Naranjo entra riéndose. «Sirve lo mismo tener un as bajo la manga, pero también una cola corta», dice sobre cómo ganar un debate.

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La llegada de Marcelo Ebrard, operador de AMLO, coincide con el camión de los invitados de Margarita Zavala. Se abre paso a codazos. «Yo llegué en mi camionetita», se desmarca. «¿Y el festejo dónde? «Pues a ver qué decide aquél». Pasa, sin ver a Jesús Ramírez Cuevas, representante de López Obrador ante el INE, que está esperando a José Ramón Fernández para darle su acreditación de invitado especial del tabasqueño. «A mí no me trajo nadie, vine por mis pistolas y porque siempre he querido ver un duelo de estos en directo», responde el periodista.

Gritos y gritos del recibimiento. Peor cuando llega Zavala, sin Felipe Calderón, la primera, y se sube al templete especial para las fotografías frente al Palacio de Minería. Llegan en el orden del sorteo que hizo el INE: el candidato priista José Antonio Meade, con su esposa Juana Cuevas. ¿Quién va a ganar?, preguntan los periodistas. Cuevas lo señala a él, con una sonrisa que va a perder al final. «Va a ganar México», grita Meade con ese tono de lugar común de los invitados especiales.

Posan Anaya y su esposa, Carolina Martínez, sonrientes, sin decir palabra. Jaime Rodríguez se le adelanta a López Obrador. Trae una bala en el bolsillo que exhibirá en el debate y al posar hace el gesto de una pistola que dispara al aire con la mano izquierda.

De Eje Central a El Caballito, «¡es uno honor estar con Obrador!». El mejor duelo está allá afuera. El único que no posa es López Obrador, su auto lo deja a él, a su esposa, Beatriz, y a uno de sus hijos en la entrada. Justo en el momento en que cae un aguacero.

Así inicia el debate. Hay relámpagos y truenos, pero es acá afuera, en el aguacero. Los grupos que estaban en Donceles se acercan a Tacuba. Los granaderos los separan. Se gritan. «Campanitas, campanitas, navidad, navidad, chinguen a su madre, los de allá, los de allá». Afuera los gritos contra Zavala y El Bronco. Apoyo a López Obrador. Afuera los gritos. El frío. La llovizna. El folclore de la democracia.

Adentro del Palacio de Minería lo de siempre. Las promesas. «En mi gobierno no habrá estafas maestras», arenga Meade, como cualquier priista. «Yo lo que quería es terminar con la impunidad», dice Zavala. Después de una hora, algunos reporteros que miran el debate en unas carpas en la Plaza Tolsá se van a fumar a los costados. «Ya que manden a comerciales», bromea uno de los encargados de la cafetería.

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«Ganó Anaya», dice el primero en salir, Santiago Creel, con el pulgar arriba. Los VIP salen hacia el Metro Allende, pero no se van en metro. No declaran nada.

Los candidatos tampoco tienen mucho qué decir. Zavala, que se va a su casa de campaña. Anaya levanta la mano abierta. ¿Quién ganó el debate, Ricardo? «Eso lo decide la gente, pero yo estoy feliz», sostiene.

López Obrador sale casi ileso, Hizo reír a veces adentro. Sale sonriente. «Ganó ya saben quién», responde. Con la V de la vitoria. El Bronco salió y siguió amenazando con mochar manos. Él y Meade se subieron al templete, respondieron preguntas. «Sin duda, me declaro ganador del debate y declaro ganador a México», afirma Meade. Los manifestantes se cansaron y se fueron. La calle mal iluminada, hay algunos charcos, el agua sucia. El País, según el debate, en el lodo.

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