Déficit naturam y los retos para la conservación ambiental en México 

Conservación ambiental: «si no buscamos una mejor “educación para la conservación”, cualquier acción será totalmente ineficiente»

Regeneración, 12 de junio del 2019. 

Déficit naturam y los retos para la conservación ambiental en México 
Por: Gilberto M. González Kuk *
Nuestra historia como humanidad ha pendulado en una creciente autodestrucción, grandezas y avances tan relevantes, así como fracasos tan desorbitantes que quedan impregnados en la memoria colectiva, en una “memoria cultural” de la cual autores como Toledo expresan con mayor sensatez para referir a una cognición armoniosa de la vida y las cosmogonías indígenas, pero que realmente es complejo de comprender y aterrizar en una memoria occidental, en la cual nos hemos sumergido y afianzado como humanidad.
Una humanidad que se ha apartado de su medio natural, que poco entiende su complejidad y su función, y que lejos de adaptarnos a este,hemos adaptado esta nuestra comodidad, a nuestro pensar y forma de entender la realidad, una realidad construida desde una visión tecnocrática insensible y analfabeta del binomio naturaleza-sociedad.
Ante ello, un panorama ominoso toca nuestra puerta, y un clamor por la supervivencia resurge entre las conciencias, de quienes hemos apartado la mirada a una realidad absoluta en el planeta, reflexionando sobre las pequeñas acciones negativas, (como el uso de pesticidas, bolsas plásticas, tirar basura, talar árboles etc.) de más 7,550 millones de habitantes (ONU,2017), pero por otra parte están las grandes acciones corporativas e inmobiliarias que han impactado severamente grandes extensiones de ecosistemas en esta tierra.
Y aunque, ahora son más evidentes los efectos de estas acciones a nivel global, su apreciación fue tangible desde años atrás, principalmente con el agotamiento y escasez de agua en diferentes puntos del planeta, como la sequía del lago Poopó (el segundo cuerpo de agua más grande en Bolivia) y en gran parte de Sudáfrica y África subsahariana donde solo cerca del 30% según la ONU tiene acceso al vital líquido.
También, las lluvias torrenciales registradas en el desierto de Atacama (contingencia no registrada desde hace 500 años) y las heladas extremas en Norteamérica (Canadá) con temperaturas que oscilaron entre -40°C a -50°C, fenómeno no registrado desde más de 100 años.
Sin embargo, estos efectos, también son consecuencias de actos de irracionalidad humana, bajo la lógica de un modelo económico atroz, que aglutina la riqueza y los recursos en unos pocos de nuestra especie y que permite crear círculos viciosos con efectos socioambientales colaterales.
Este modelo ha permitido que en el mundo 85 individuos concentren más riqueza que la mitad de la humanidad, es decir, que acumulan ganancias más que unos 3,500 millones de humanos en el planeta, con cifras aproximadas de 668 millones de dólares diarios (OXFAM, 2014).
En México es clara esta realidad, así como el fracaso de las políticas ambientales surgidas desde los 60´s, que abanderadas por la idea de “sustentabilidad”, crearon vórtices de poder sobre los recursos naturales, las cuales, a través de concesiones y estrategias de conservación poco favorables orquestadas por instituciones carentes de personal y conocimiento elemental sobre el medio ambiente,atentaron contra nuestra supervivencia.

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Daño ambiental: Las concesiones mineras, cuencas hidrológicas

Resultado de ello son, las 3,190 concesiones entregadas en el último sexenio (2013-2017), los 1,327 proyectos mineros con la explotación del 13.5% del territorio nacional, sin olvidar, la concesión de cerca del 40% de cuencas hidrológicas nacionales, donde en 2018 se levantó la veda de protección en 300 de las 756 cuencas de la nación, promoviendo su aprovechamiento, para el uso doméstico y público urbano, quedando vulnerables a la privatización por industrias mineras, el fracking y la extracción de hidrocarburos.

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El panorama actual, y la nueva transición política no presentan entornos favorables para el medio natural, en el contexto nacional (e incluso global).

Tan solo en el inicio de esta temporada seca, la Global Forest Watch Fires reporta que en México se han recibido 77,315 alertas de incendio principalmente en el sureste del país, de los cuales el 99% son producto de acciones humanas, provocando pérdidas aún incontables de hectáreas ecosistemas como bosques de encino, selvas tropicales, selvas altas y medianas y paisajes en recuperación, etc. sin mencionar la biodiversidad.
Lamentablemente las instituciones y sociedad no tienen los medios elementales para sufragar estas contingencias ambientales, son pocos los países con mecanismos eficientes para controlar tales contingencias, muchas políticas forestales (principalmente México) carecen de insumos, personal calificado, infraestructura, conocimientos, etc, para combatir un incendio forestal. Por lo tanto, la mejor acción para su control es y seguirá siendo su prevención.
En los mapas siguientes podemos observar la gran pérdida de diferentes ecosistemas en todo el país, principalmente bosques de pino encino, bosque mesófilo, mezquitales, selvas medianas y altas, dunas costeras, etc.desde 1997 al 2015, esto a causa de diferentes actividades productivas entre las que se encuentran la agricultura mecanizada, la ganadería, las zonas industriales; así como la desmedida expansión urbana e incendios forestales.

Cuestión que se ha ignorado desde el ámbito institucional y que ha sido poco atendido a través de las políticas públicas.

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Aunque, históricamente tanto las políticas públicas como gran parte de la sociedad mexicana, ha padecido un “déficit naturam”, es decir una lejanía del medio natural, se dejó de ver a la naturaleza como elemental para nuestra supervivencia y se vio como un símbolo de esparcimiento y como un recurso natural.

Las consecuencias de esto no solo son tangibles en nuestros actos indiferentes hacia ella, sino en una construcción cognitiva de que somos dueños de ella y podemos transformarla a nuestra conveniencia.
Entonces, realmente aún cuesta entender tanto a la sociedad, a empresarios y servidores públicos, que no nos estamos enfrentando al cambio climático y sus perniciosos efectos en la sociedad, sino que, realmente el oscuro exterminio de nuestra especie yace en nosotros mismos, en nuestra ideología ambiental y no importa cuantas acciones y estrategias diseñemos para neutralizar el cambio climático y sus efectos, sino luchamos por un cambio de paradigma y conciencia, si no buscamos una mejor “educación para la conservación”, cualquier acción será totalmente ineficiente y nuestro futuro en este cuerpo celeste es inminente.
* Sobre el autor: Maestro en paisaje y turismo rural, por el Colegio de Postgraduados campus córdoba; licenciado en Diseño del Hábitat por la Universidad Autónoma De Yucatán; Especialista en manejo de Sistemas de Información Geográfica por el Centro de Información Geográfica de Quintana Roo. Consultor e investigador independiente en temas de conservación y gestión del paisaje; historia ambiental; conflictos socioambientales y estrategias locales de conservación ambiental. Correo: [email protected]

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