Comunidades de Chiapas están aprendiendo otro concepto que para la mayoría de ellas era completamente desconocido: la planificación familiar.

Regeneración, 8 de noviembre de 2017.- En la comunidad de Majupepentic, en el estado de Chiapas, tiene fuertes conocimientos sobre el campo, muy bien saben lo que es trabajar para comer. También saben tejer sus ropas y andar por los caminos pedregosos. Hablan tsotsil, su lengua materna y algunos también han aprendido el castellano. Pero en cuanto al tema de la planificación familiar, pocos tiene información al respecto, no saben qué es un condón, una pastilla anticonceptiva u otros métodos para planificar, al menos no hasta hace muy poco.

Debido a la falta de esta información es muy frecuente ver a parejas con seis, ocho y hasta 10 hijos. Es frecuente que todos los partos sean en sus casas, con la ayuda de una partera tradicional que suele manejar bien los alumbramientos rutinarios, pero cuyos conocimientos y capacidades son insuficientes en caso de complicaciones.

También son comunes los embarazos sin control médico, al igual que la recuperación luego del parto. Resulta habitual la desnutrición crónica y la anemia en los niños, así como las diarreas agudas en los bebés, que, a veces, los hacen perder la vida.

DESIGUALDAD

En Majupepentic, como en otras comunidades cercanas, todo esto está cambiando. Se encuentran en lo que se conoce como región mesoamericana, que comprende todos los países de Centroamérica y los nueve estados del sur de México. Es un lugar profundamente desigual, donde los más pobres (que en la mayoría de las ocasiones, pertenecientes a comunidades indígenas) carecen de los recursos más básicos en salud, así lo informa el periódico El País.

El diálogo intercultural comenzó a principios de este año en Majupepentic, la estrategia era que el propio pueblo se implicara para llegar a todos sus componentes con una plataforma de salud que sería encargada de identificar a embarazadas, asesorarlas, acompañarlas a visitar al médico y brindar información de planificación familiar; todo ello tras una etapa de formación por parte de los profesionales sanitarios de la zona.

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No fue sencillo convencer a la comunidad para que participara. Necesitaban a un grupo de una veintena de personas que dedicase tiempo desinteresadamente a algo que en un principio no era una preocupación para ellos, sustrayéndolo de sus labores cotidianas en el campo y el cuidado de la familia.

La doctora Lesbia Guillén, trataba de hacerles ver la importancia del esfuerzo. Pero el rostro de Verónica Pérez, una vecina de 48 años con siete hijos, era distinta. “Tuve una complicación en uno de los partos y mi niño nació muerto. No quería que esto le sucediera a nadie más aquí”, explica. La doctora Lesbia vio cómo comenzó a hablarle a la comunidad en tsotsil; ella no entendía lo que decía, pero las expresiones de los lugareños comenzaron a cambiar. Poco después estaba constituida la plataforma de salud de Majupepentic.

Tanto en el pueblo como en las comunidades cercanas, lo normal era que el médico de la zona ni se enterase de los partos. Eso en el caso de que hubiera servicio de salud, porque se trata de un área zapatista donde, en donde no llegan los servicios de salud, ni siquiera de forma precaria. Cuando sí cuentan con un centro de salud, lo más frecuente es que la madre acuda semanas o meses después del alumbramiento, cuando ya estuviera totalmente recuperada y cuando, también, hubiera superado la etapa más crítica para su salud y la del bebé.

En Majupepentic, el año pasado solo un 38% de las mujeres acudió al médico en el primer trimestre de su embarazo; en lo que llevamos de año, ha subido al 82%. En 18 municipios de la zona donde se ha implantado el programa Salud Mesoamérica, que incluyen 350 plataformas, en los nueve primeros meses del año pasado se habían registrado 12 muertes maternas. En el mismo periodo de 2017, se redujeron a cinco.

FUNDAMENTAL CAPACITAR A PARTERAS

También es fundamental la capacitación de las parteras. María López, de 63 años, lleva desde los 15 haciendo esta labor. Ha perdido la cuenta del número de nacimientos que ha atendido, pero se cuentan por cientos. “Ya llevo referidas a dos embarazadas al hospital cuando se han presentado complicaciones. Antes me limitaba a darles unas hierbas”, explica.

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En el caso de Marcela Pérez, otra partera de 45 años, su recurso era “llamar a otra” para que le echase una mano. Los protocolos que han aprendido les dan herramientas para atender los alumbramientos con mejores garantías, y también para saber cuándo ya no pueden hacer nada y es mejor enviar a la embarazada a un centro hospitalario.

LA PLANIFICACIÓN ERA DESCONOCIDA

En conjunto con las mejoras en salud materno-infantil estas comunidades están aprendiendo otro concepto que para la mayoría de ellas era completamente desconocido: la planificación familiar. Felipe Pérez, de 27 años, tiene siete hermanos, pero tan solo dos hijos. Ahora se está pensando si buscar el tercero. De momento, él y su pareja se lo piensan, evaluando los costos y las implicaciones. Un caso así supone un paso gigante en un lugar en el que tradicionalmente, la filosofía de la paternidad era más cuantitativa que cualitativa: cuantos más hijos, mejor.

Pero no todos los hombres están igual de cocientes. Margarita Arias, de 38 años, es una de las encargadas de divulgar los distintos métodos que la comunidad tiene disponibles de forma gratuita en Majupepentic. “Hay muchas señoras que vienen a escondidas a pedirlos porque sus maridos no quieren usarlos. O se avergüenzan”, relata. Ella misma, madre soltera de tres niños, hasta que no llegó el programa no sabía “prácticamente nada” de planificación o preservativos: “La tradición era cuidarnos con plantas, pero no era efectivo”. Débora Gómez, con 26 años y tres hijos, reconoce que ni siquiera sabía lo que era un condón. Además de desconocido, era un tema tabú, que ahora habla tranquilamente y con cierto orgullo delante de todos sus compañeros de la plataforma de salud.