La caravana anti-AMLO y los ardides de la sinrazón.

Análisis del discurso Anti-AMLO: ausencia de hechos verificados que denunciar o causas sociales que abanderar. Recursos para nutrir -desnutrir- la protesta

La caravana y los ardides de la sinrazón
La caravana y los ardides de la sinrazón

Regeneración, 3 de junio del 2020. La marcha motorizada de la derecha tuvo que recurrir a un conjunto de estratagemas verbales para dar contenido a su protesta con tintes golpistas.

Ningún hecho, ningún señalamiento verificable contra el actual gobierno, cuando en cambio los gobierno neoliberales fueron señalados pruebas en mano por el pueblo.

La caravana y los ardides de la sinrazón.

Por Beatriz Aldaco*

La ausencia de acontecimientos graves en los cuales fundamentar y legitimar demandas al gobierno federal, hizo que los participantes de la caravana de automóviles que se reprodujo en varias ciudades del país el pasado domingo 31 de mayo, tuvieran que allegarse de determinados recursos para nutrir (o desnutrir) sus enunciados de protesta.

A la vez, la seudomarcha develó otras características del perfil de sus protagonistas. Veamos.

Cursera de descalificativos o “suelto calumnias sólo porque puedo hacerlo”.

Sin crímenes de lesa humanidad que reclamar y por los cuales exigir justicia como los de Acteal (1997), Atenco (2006) y Ayotzinapa (2014); sin fraudes electorales que denunciar puesto que el triunfo presidencial en las urnas fue avasallador e indiscutible.

Es decir carentes de demandas propias surgidas de auténticas necesidades y convicciones como el aumento a los salarios o la exigencia de justicia por los feminicidios, los manifestantes recurrieron a una serie de manidos descalificativos sin sustento para poder llenar de grafías sus pancartas contra Andrés Manuel López Obrador.

Amparados en la libertad de expresión y en la consabida política de no represión de este gobierno, sus recursos fueron el ardid, la falacia y la mentira.

Como dice Bourdieu

Comúnmente, lo expresado en las protestas tiene antecedentes en el discurso social común (Pierre Bourdieu dixit), lo que se demanda o exige ha sido previamente motivo de discusión, debate, juicios, en una palabra, es del dominio público.

A nadie pudo haber sorprendido, por ejemplo, que en una marcha se dijera que Calderón era un genocida o EPN un ladrón.

Si bien es ampliamente conocido el rechazo a la figura del presidente por parte de los manifestantes, la mayoría de los adjetivos que se le atribuyeron no ha hecho el recorrido señalado en la opinión pública.

Le dijeron de todo

Así, sin más, se le llamó traidor, genocida, dictador, narco, corrupto, vende patrias, abortista, golpista (sic), sin que haya quedado claro a qué o a quiénes traicionó el mandatario, quiénes fueron las víctimas de qué genocidio.

Ni en qué sentido se le considera dictador, con qué pruebas se le acusa de narcotraficante y abortista, cuáles son los escándalos de corrupción en que habría incurrido, cuándo, cómo y dónde se comportó como “vende patrias” y qué golpe (de Estado, suponemos) urdió y contra quién.

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No se sabe de denuncias viables en contra del presidente por los actos referidos en la andanada de adjetivos.

Tampoco existen demandas al gobierno mexicano en la Corte Interamericana de Derechos Humanos durante esta administración, con las que AMLO quedaría como responsable de graves ilícitos.

Como sí las hubo por el caso Atenco cuando Fox era presidente y Enrique Peña Nieto gobernaba el Estado de México.

El otro conjunto de descalificaciones son las que brotan directamente del coraje, enojo u odio contra otra persona, por lo que no están, tampoco, respaldadas en argumentos y análisis.

Son el equivalente coloquial a tontear o tachar de loco a alguien, porque es lo más fácil y sencillamente porque puede hacerse.

Así, se habló de la “ignorancia”, las “insensateces” y la “carencia intelectual” del presidente, sin que se sepa bien a bien a qué se refieren esas descalificaciones.

La soberbia imperativa o “te vas porque lo digo yo”.

Sin los rigores de la paciencia, la espera y la lucha de millones de ciudadanos que nos opusimos a las políticas y formas de gobernar de los presidentes anteriores, los caravaneros, sólo porque ellos desde sus pedestales (léase desde los quemacocos de sus autos de lujo).

Así lo desean, pretenden que López Obrador dimita de su cargo al grito de “Fuera AMLO”, “AMLO, vete ya”, “AMLO se va”, “AMLO, dimite ya”.

Sin esperarse

Así, sin esperarse ya no digamos a la próxima contienda electoral en la que tendrán la libertad de proponer al candidato o a la candidata de su elección, sino a la Revocación de Mandato que el mismo presidente instituyó y no falta mucho para ser convocada.

En el mismo tenor y proyectando sus criterios empresariales según los cuales siempre alguien es dueño de algo, resonaron lapidarias frases como la de “AMLO, no eres dueño de México”.

Y, en una proyección todavía mayor, en algún vidrio polarizado se leyó: “AMLO, estás despedido, vete yaa (sic)”; muy acorde con su visión del país, como si México fuera realmente una empresa y ellos los patrones.

Las Golondrinas anticipadas y el recurso de “el todo por la parte”.

En otro arrebato fincado en la prepotencia, les dio por cantar las “Golondrinas” antes de un momento que seguramente tadará mucho en llegar, si es que alguna vez llega, con un “Adiós a la 4T” o “La sociedad hemos decidido (sic) que te vas”.

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Esta última frase nos lleva a otro subconjunto de esta división, que puede definirse como la tendencia de “el todo por la parte” y se manifiesta así: “En Tijuana no te queremos” (sustituir Tijuana por todas las ciudades que participaron en la caravana); “No somos bots, somos el pueblo de México”.

Como buenos usurpadores, una cantidad mínima de personas, creyéndose dueños del país, se ostenta como “el pueblo”, “la sociedad”, “la ciudad”. Una sinécdoque muy conveniente para engañar ingenuos.

Ignorancia, clichés, imposturas.

Imposible que los clichés de la venezualización de México y sus derivados estuvieran ausentes, lo que exhibe el absoluto desconocimiento por parte de los caravaneros del significado de los regímenes políticos:

“No al socialismo”, “México no quiere ser socialista”, “No al comunismo en México”, “No permitiremos que hagas (sic) a México otro Venezuela”, “Despierta México, AMLO nos está llevando a otro Venezuela”.

Pero en franca contradicción con lo que repudian, se colaron por ahí algunas frases extraídas de un discurso acorde con ciertos principios afines a aquellos sistemas, como “Viva México, no nos rendiremos, tierra y libertad” y “Yo amo a México y quiero democracia”.

Esto, al igual que dramáticos gritos de inanición que exigen siempre evaluar los anhelos de igualdad y justicia inscritos en las ideas de corte socialista: “AMLO nos mata de hambre”.

Les fue imposible sustraerse a la ideación de elaboradas sentencias filosóficas como ésta:

“Todo llega a su fin y el tuyo ya llegó”, así como a conmovedores sentimientos de orfandad patriótica que ya los hubiera querido haber leído Octavio Paz antes de escribir El laberinto de la soledad: “No tengo Presidente” y “Andrés Manuel, devuélvenos a México”.

Pero de pronto, en un inevitable regreso al ámbito terrenal, ceden al folklor con un cadencioso “México lindo y querido” y ya entrados en las tradiciones populares deciden utilizar motivos rurales y fáunicos: “AMLO, ya deja de hacerle daño a México, lárgate a tu rancho”; “AMLO, te quedó grande la yegua, renuncia ya”.

Finalmente, hay que agradecerles dos cosas.

Una, haber reconocido involuntariamente la penetración que ha tenido la 4T en el consorcio de las naciones mediante un “López, eres la burla a nivel mundial”.

Y, Dos, que en su poco sincera declaración antipartidista se hayan descrito a sí mismos como quienes se empeñan en obstaculizar los cambios que México necesita: “No somos PRI ni PAN ni MORENA, somos gente trabadora”.

-OJO: así como se lee «trabadora» (ndlr)-

(las cursivas son mías pero la frase está tomada fielmente del original).

*Beatriz Aldaco / Publicado en Suave Matria (I)