“Siempre hay alguna hiena maquinada de juez, poeta o crítico,
lista a cantar las loas de lo que odia en el fondo de sus tripas…”.
Julio Cortázar, Policrítica en la hora de los chacales

Durante décadas hubo un grupo de intelectuales orgánicos que oprimió a incontables poetas, novelistas, dramaturgas, cineastas, periodistas, fotógrafas, moneros, escultoras, músicos, bailarines, coreógrafas y artistas de diversas disciplinas.

Favorecidos por los gobiernos priístas y panistas, a lo largo de muchos sexenios recibieron contratos millonarios y puestos directivos en todas las dependencias del gobierno. Y desde ahí ejercieron una dictadura que galardonaba y financiaba, con recursos públicos, a sus propias huestes.

Bajo el cobijo del neoliberalismo, esta mafia controlaba todas las instituciones artísticas, los fideicomisos, los premios, las becas, los apoyos, las editoriales, las publicaciones de libros y el presupuesto.

No conformes con recibir el patrocino gubernamental, esta élite intelectual decidió ponerse al servicio del poder empresarial. Financiada por el señorío económico, lograron monopolizar los medios de comunicación. Su presencia en la directiva de periódicos, revistas, cadenas radiofónicas y noticieros televisivos tenía el objetivo de perpetuar su mandarinato.

Desde sus puestos gerenciales trastocaron la historia de México, manipularon la información e impusieron una narrativa que favoreciera a su grupo y a sus empleadores: políticos y empresarios que, mediante licitaciones amañadas y adjudicaciones directas, los enriquecieron.

Evadiendo la ética intelectual, esta mafia se dedicó a engañar al pueblo. Su sevicia envileció al arte y pervirtió la moral intelectual y periodística.

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Pero no todos se adhirieron a la mafia. Muchos espíritus libres y democráticos desafiaron a los caudillos culturales. Y su condena fue el ostracismo, la exclusión y el ninguneo.

Hace tres años, en 2018, un gobierno que se ha propuesto transformar al país mediante la redistribución de la riqueza ⎼y cuyo eje principal es atender a la población más pobre⎼ conquistó democráticamente la presidencia de México. Y quienes jamás nos subordinamos a la mafia intelectual, quienes fuimos oprimidos por este grupúsculo que lo había invadido todo como una hiedra, nos entusiasmamos y sentimos un vuelco de esperanza.

Ahora vemos que teníamos razón: nuestras voces ya comienzan a escucharse con más fuerza. Pero no lo suficiente. Infelizmente, la mafia todavía tiene a sus lugartenientes operando en algunas instituciones. Y, desde las mazmorras de la burocracia que ellos mismos crearon, se encargan de asestar golpes traperos contra el propio gobierno.

Por eso hemos decidido salir a manifestar públicamente nuestro apoyo a la transformación del país y, con ello, al presidente Andrés Manuel López Obrador.

Pero queremos decirle que no solo somos doce intelectuales quienes apoyamos su proyecto político. Somos ⎼y siempre hemos sido⎼ legión. Sin embargo, nos tenían relegados. Pero ya no. Y nunca más. Desde hace mucho tiempo decidimos adherimos a la voz del pueblo y, como decía Carlos Monsiváis, nuestro objetivo es colocar “lo marginal en el centro”.

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De ahí que también declaremos nuestro respaldo a favor de la próxima consulta ciudadana para enjuiciar a los expresidentes.

Y es que mientras la mafia intelectual pelea ínfima y vulgarmente por recuperar sus privilegios, quienes conformamos el grueso de la población aún recordamos, con dolor y frustración, casos que laceraron el corazón de la sociedad mexicana: el Fobaproa, Odebrecht, Oceanografía, Acteal, la guardería ABC, la Iniciativa Mérida, “Rápido y Furioso”, además de las masacres, torturas, ejecuciones y desapariciones forzadas de miles de mexicanas y mexicanos.

Y los responsables tienen nombre y apellido. Y el pueblo, que no es ningún rebaño, como la mafia y sus voceros, clamamos justicia. Y nosotros, artistas e intelectuales libres, respaldamos la voluntad del pueblo. Que los crímenes, los latrocinios, las malversaciones y las vejaciones que los expresidentes perpetraron en contra de México sean dirimidas en un acto de justicia histórico y sin precedentes.

Y que todo México sepa, de una vez por todas, que no somos distraídos abajofirmantes, sino mujeres y hombres conscientes que pertenecemos a una comunidad artística e intelectual que otrora fue oprimida por la mafia encabezada, digámoslo con todas sus letras, por Enrique Krauze y Héctor Aguilar Camín, esos vociferantes reyezuelos que hoy, además de asistir a la pérdida de todos sus privilegios, están por enfrentar el implacable juicio de la historia.