#Opinión: El monopolio de la verdad – Parte III

Por Fernando Valdés Tena

Fundados casi al unísono con la promulgación de la Constitución de 1917, los periódicos Excélsior y El Universal comenzarían a tomar caminos distintos con la llegada al poder del maquiavélico priista Luis Echeverría en 1970, en cuyo ocaso de gobierno, el primero —“El Periódico de la Vida Nacional”— recibiría de su parte un boicot de anunciantes y el artero golpe de censura por parte de grupos infiltrados del régimen entre los cooperativistas, que provocaría el despido inmediato del director Julio Scherer García, junto con su equipo de periodistas encabezado por Carlos Marín y Miguel Angel Granados Chapa, el cual daría origen al semanario Proceso,  a la revista Vuelta del escritor Octavio Paz —de cuyo legado es heredera Letras Libres, de Enrique Krauze— y al diario Unomásuno, a cargo de Manuel Becerra Acosta, quien con su grupo de intelectuales encabezados por Carlos Payán y el entonces de izquierda y principiante Héctor Aguilar Camín, sufrirían un cisma en 1983 que daría lugar a la fundación de La Jornada.

El segundo —“El gran diario de México”— sellaría con el gobierno una alianza inconfesable a la entrada de Juan Francisco Ealy Ortiz, que duraría hasta el gobierno de Enrique Peña Nieto, al igual que la estatizada cadena periodística García Valseca, vendida en 1976 a Mario Vázquez Raña como Organización Editorial Mexicana —propietaria, entre otros, de La Prensa, Ovaciones y El Sol de México— filial de Grupo Imagen, presidida por su hermano Olegario, hoy dueña de Excélsior y competidora de Televisa.

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“México es un país de clase modesta muy jodida, que no va a salir de jodida. Para la T.V. es obligación llevarles diversión y sacarla de esa triste realidad”, espetó en su estilo desenfadado, paternalista y autoritario El Tigre Emilio Azcárraga Milmo, quien acompañando a Miguel de la Madrid Hurtado en plena campaña rumbo a la presidencia y por finalizar el gobierno de José López Portillo, que estatizó el sistema bancario nacional, sentenció en 1982: “Somos soldados del PRI y del presidente”.

Años después, cuando las acciones cayeron en 1995 debido al “error de Diciembre” de 1994 —provocado por la transición al gobierno de Ernesto Zedillo Ponce de León y que desencadenó la fuerte crisis económica que casi provoca la quiebra del sistema bancario vuelto a privatizar por Carlos Salinas de Gortari—, El Tigre decidió matizar el discurso en favor del PRI : “Nosotros somos soldados del presidente, no del PRI”. No era casual: Mientras el PRI perdía por primera vez la mayoría en el Congreso, menguaba la credibilidad en noticias de la televisora con el surgimiento de Hechos y Javier Alatorre, alfil de la recién privatizada Imevisión, convertida en TV Azteca por parte de Ricardo Salinas Pliego, gracias a un préstamo de 29 millones de dólares financiado por Raúl Salinas de Gortari en 1993 —año en que irrumpe el periódico Reforma del regiomontano Alejandro Junco de la Vega, con un modelo disruptivo y crítico a base de distribución independiente de los tradicionales voceadores y puestos de revistas.

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Soplaban vientos de cambio en la televisora de Chapultepec 18. A la muerte del Tigre en 1997, el entonces inexperto Emilio Azcárraga Jean, propietario del 50.3% de las acciones de Televicentro, tomaría el control del emporio liquidando en un crispado proceso accionario a los hermanos Guillermo y José Antonio Cañedo White, a las familias Díez Barroso  y Alemán, con cuyo patriarca rompería una relación de más de medio siglo para evitarle incomodidades en sus aspiraciones presidenciales de cara al 2000,  quien al postularse por el PRI como Gobernador de Veracruz, recibiría 200 millones de dólares, equivalente al 14.4%  de las acciones. Se inauguraba la era panista y con ella la de los empresarios del salinismo.

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