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Las redes sociales configuran la opinión pública de nuestra época, con sus aciertos, errores y retos. Especialmente en México y su naciente democracia

Foto: Redes sociales
Dos narrativas

Por: Ramiro Padilla Antondo*

Regeneración 22 de octubre del 2018. Se dice que gobernar también es hacer creer. Al final, las campañas políticas son una suerte de plataforma de venta de ideas para el bien común.

Los políticos se empeñan en venderse como los mejores para el puesto, o como los opositores al sistema.

Por ello, y a partir de los últimos años, las plataformas digitales se han convertido en el centro de la guerra por el establecimiento de una narrativa.

La inauguración formal de este tipo de tipo de campaña se dio en Estados Unidos con la candidatura de Barack Obama.

Fue la primera vez que facebook y twitter se convirtieron en verdaderos fieles a la balanza.

Y el resultado está a la vista.

La pésima decisión de llevar como compañera de fórmula a Sara Palin le costó la presidencia a John MCcain, y sus dilates y entuertos fueron magnificados a través de las nuevas tecnologías.

Lo que se hace o deja de hacer en las estrategias de comunicación tiende a tener un efecto devastador en  las acciones de gobierno.

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Para ejemplificarlo podemos analizar lo que sucede en otros países.

Los índices de pobreza se redujeron de manera drástica en Brasil gracias a los programas como Fome cero (cero hambre) implementadas por Lula Da Silva.

Sin embargo, el poderío de la cadena O’Globo, que implementó una contra narrativa a las acciones de gobierno, hizo que estos enormes beneficios desaparecieran tras las gigantescas investigaciones por corrupción de su gobierno.

Igual en Argentina, donde aún y después de tres años de gobierno de Mauricio Macri y sus fallidas políticas de estado, que tienen la inflación en niveles históricos, se tiende a acusar a Cristina Fernández aunque no tenga nada que ver con ésta, merced del grupo Clarín, enemigo acérrimo de los Kirchner.

Los consorcios informativos llevan una agenda que va más por defender los intereses de un grupo, lejanos claro, a defender la libertad de expresión.

Los ocho años de la presidencia de Obama fue una clara muestra de remar contra corriente, con un canal de televisión que ha actuado en la mayoría de los casos como el brazo armado del partido republicano, Fox news, que han hecho de la distorsión de la información con claros tintos xenófobos y partidistas su bandera de guerra.

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En el caso mexicano, la derrota fundamental de los medios tradicionales a través de las redes sociales, es quizá el caso más estrepitoso de la historia.

La desinformación y manipulación fueron rebasadas con una victoria sin parangón en la corta vida de nuestra extraña democracia.

A pesar de enarbolar la bandera rusa, o venezolana o cubana, los usuarios digitales decidieron de manera mayoritaria escoger un nuevo tipo de gobierno.

El último gobierno priísta a pesar de haber gastado una cantidad estratosférica en publicidad gubernamental, jamás pudo recuperarse de dos temas torales de su gobierno, Ayotzinapa y la casa blanca.

Quizá  en el futuro podrían estudiarse estos monumentales errores de comunicación para entender que hoy ya no se ejerce la información de manera piramidal sino horizontal.

Viene para el nuevo gobierno una batalla que luce formidable, anteponer una narrativa acorde a los tiempos que se viven, esto es, luchar contra los enemigos de siempre desde aceras cambiadas.

A los medios que usaron las medias verdades y la desinformación por encargo, les quedan dos estrategias, plegarse a las nuevas condiciones o seguir atacando de manera rabiosa lo que ellos consideran un error monumental de la población mexicana al elegir un gobierno que no coincide con los intereses fácticos.

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Por historia y antecedentes, la narrativa gubernamental siempre será vista con sospecha no importando el color.

Por historia y antecedentes también, veremos un periodismo faccioso deseoso ahora sí de fiscalizar cualquier acción de gobierno, como si la verdadera libertad de expresión se iniciarse con este nuevo gobierno, como si hubiésemos vivido una democracia estilo Noruega en el pasado.

Tampoco el gobierno tendrá una carta blanca para hacer y deshacer.

Es claro que la ciudadanía está aprendiendo a ejercitar el músculo de la presión social, y ese, es un buen signo.

*Ramiro Padilla Antondo, @ramiroatondo Es un escritor mexicano nacido en Ensenada, Baja California.

Autor de los libros de cuentos A tres pasos de la línea, Cuentos de la zoociedad, Esperando la muerte y de las novelas Historia de una ficción breve y Días de agosto.

Algunos de sus ensayos publicados son: Lectura y contra lectura, México para extranjeros, La verdad fraccionada y Hojas sin ruta.

 También escribe ensayos literarios en la revista La piranha y el portal 4vientos.net.

 

Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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