Por Tania Campos Thomas

RegeneraciónMx.- El privilegio de recibir una invitación para colaborar con Regeneración me tuvo en vilo más de una semana: es enorme el compromiso porque es con mi necesidad de ser congruente y con la honestidad. En la reunión donde tuve oportunidad de presentarme con otros colaboradores, escuché a uno de ellos decir que la tarea de informar es más que nunca ingrata cuando se tiene que combatir cada día la mentira deliberada, pero igual es urgente y necesaria.

Hacer caer al tramposo en su propia estafa y sin usar como él las cartas marcadas no es fácil, pero es la única manera de no volverse aquello que se detesta. No somos iguales (aunque les guste la cantaleta), nos diferencia la férrea convicción de que la ética es un deber irrenunciable.

Hoy en día y para ciertos sectores hablar de ética, de compromiso, de honestidad, es hacerlo en un campo minado de relativismo a ultranza donde imperan las preguntas falaces: “¿quién dice qué es lo honesto?”, “¿por qué el compromiso es importante?”, “¿ética para qué?”, “¿y si lo que yo considero ético no es lo que tú consideras ético?”, “¿por qué tener convicciones?”

El arte del vacío genera hoyos negros por los que desaparece cualquier intento de argumentación, todo es convertido a la religión de la frivolidad: “ni de izquierda ni de derecha; la indiferencia es mi postura política”, ¡qué manera de no decir nada!

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Esto es la “cooltura” de la “pusmodernidad” y sus aguas revueltas donde ya ni los pescadores ganan, porque la apuesta es a la total confusión. Hay muchas formas de desinformar, una de las más eficaces es la combinación de saturación, inmediatez e hiperconectividad (tres de las características de lo que el etnólogo francés Marc Augé ha llamado sobremodernidad). Más allá del ya conocido uso de “bots”, con base en esta triada se “viralizan” en las redes sociales de Internet noticias (falsas muchas de ellas, porque mentir abona al enredo provocado con toda mala intención).

Se apela a la emoción con notas que indignan en forma casi automática, de manera que la respuesta sea visceral, reactiva, sin mucha reflexión, incluso sin haber leído más que el encabezado, el cual será lo más “escandaloso” posible para provocar que se comparta masivamente en los medios, desde los “tradicionales” (periódicos, radio y televisión), hasta la mensajería por aplicaciones de teléfonos móviles entre familiares, compañeros de trabajo o vecinos. El propósito de quienes lanzan la “noticia” es uno: difama, algo queda.

La estrategia que describo es manipulación pura y dura, sin miramientos, pero no es frecuente que se le diga así, con claridad, porque en estos tiempos de canallas es costumbre nombrar con adornos y dar gato por libre: la detención es un montaje; la ficción mal escrita es el noticiero; el columnista es calumnista; la libre expresión es libre agresión; el derecho a disentir es derecho a mentir… “Posverdad”, le llaman, pero en mi rancho le seguimos diciendo mentira.

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Sin entrar en pormenores filosóficos ni en malabares que hacen pasar por periodistas a pariodistas, el ejercicio de la comunicación en los medios masivos no está exento de principios éticos, el más básico tiene que ver con el compromiso de mantener la fidelidad de los hechos sobre los que se informa. Tergiversar esos hechos, sacarlos de contexto o inventarlos no es informar, es mentir. Propagar mentiras con la intención de confundir y manipular la opinión pública no es ético, porque la ética sólo puede ser en términos del bien común.

Cuando los encargados de la información abandonan la ética, es legítimo evidenciar quién es quién, pero es también urgente y necesario que los ciudadanos contribuyamos con la labor ingrata de responder a las mentiras desde la honestidad; es éste el compromiso que me tuvo en vilo durante una semana y que hoy acepté.

* Doctora en Ciencias antropológicas, dramaturga y escritora. Estudió y ha impartido clases en la ENAH y la UNAM, así como en el IPN y en la Escuela Nacional de Pintura, Escultura y Grabado “La Esmeralda”. Autora de obras teatrales, adicionalmente, es especialista en investigación y metodología social cualitativa.