El comunismo es parte de nuestra historia: Mauro Espíndola

«Festejar el comunismo desde nuestro país nos parece esencial en este momento, si lo que pretendemos es transformar nuestra lacerante realidad.»

El comunismo es parte de nuestra historia

Por Mauro Espínola

Regeneración, 10 de septiembre de 2019. Para nosotros, el comunismo no es un estado que deba implementarse, un ideal al que haya de sujetarse la realidad.

Nosotros, llamamos comunismo al movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual. Karl Marx y Friederich Engels en La Ideología Alemana.

El pasado martes 3 de septiembre en El Colegio Nacional, se llevó a cabo una mesa redonda en conmemoración del próximo centenario de la fundación del extinto Partido Comunista de México (1919-1981).

En el evento, coordinado por Diego Valadés, participaron entre otros Anna Ribera Carbó, Enrique Semo, Luciano Concheiro, Subsecretario de Educación Superior, quien declaró que «en el medio de los combates contra el neoliberalismo y su ideología, esa que pretendió un pensamiento único, el fin de las ideologías. Festejar el comunismo desde nuestro país nos parece esencial en este momento, si lo que pretendemos es transformar nuestra lacerante realidad.»

Y añadió que «hay que ir más allá de la lucha contra el modelo neoliberal y más allá de una transformación democrática del régimen político. Debemos proponernos el comunismo, como sociedad emancipada de toda explotación del ser humano y destrucción de la naturaleza.»

Estas declaraciones, insistimos realizadas en un evento por el centenario del PCM, han desatado una reacción increíble, pero alejada del contenido de estas.

Cabe mencionar, que estas palabras fueron solamente la introducción de la presentación de Luciano, quien posteriormente abordó parte de la historia de la fundación del PCM y de esto nada señalan las reprimendas contra dichas declaraciones.

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Nada se responde del pensamiento único instaurado por el neoliberalismo, en el cual evidentemente se inscriben las reacciones a las declaraciones, ni mucho menos de la proposición de una “sociedad emancipada de toda explotación del ser humano y destrucción de la naturaleza”.

Como si, quienes han reaccionado a las declaraciones, temieran el uso de un término al tiempo que defendieran la destrucción de la naturaleza y la explotación del ser humano.

Confusión entre laicidad y esa nebulosa ideología neoliberal

Al respecto Esteban Moctezuma, Secretario de Educación Pública, sin ser muy claro a quién y a qué hecho se refería, ha declarado en su cuenta de Twitter que “cuando alguien declara sobre alguna ideología, tiene que tener muy claro que la SEP, como institución, y el servicio público, como actividad, es algo que no se puede dejar colgado en el armario”, dando a entender que cuando se es funcionario se deja de ser un ciudadano con alguna posición o preferencia política.

Además, ha apelado a los principios científicos, universales y laicos de la educación pública para criticar las declaraciones del Subsecretario.

Evidentemente confunde el carácter laico de la educación pública, definida en la Fracción I del Art. 3 de la Constitución que a letra dice “Garantizada por el artículo 24 la libertad de creencias, dicha educación será laica y, por tanto, se mantendrá por completo ajena a cualquier doctrina religiosa”.

Es decir, que la educación impartida por el Estado no es confesional o religiosa, aunque reconoce la libertad de creencias religiosas.

Se hace evidente no sólo la confusión entre laicidad y esa nebulosa ideología neoliberal de la no-ideología, sino también la incomprensión entre religión e ideología. Por sólo mencionar uno de los aspectos de su incoherente declaración.

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No muy lejanas de estas declaraciones, Leonardo García presidente de la conservadora Unión Nacional de Padres de Familia ha dicho que “es lamentable que un subsecretario de la Secretaria de Educación Pública (SEP) se apueste públicamente por una corriente social, política, ideológica y de pensamiento, vulnerando así el principio de laicidad”.

De nuevo, y más chocante tratándose de una no declarada organización católica, se evidencia la confusión del contenido laico de la educación pública.

Además, pide “tomar medidas necesarias para que Luciano Concheiro garantice que sus convicciones personales no afectarán el actuar de la Subsecretaría de Educación Superior y no se promuevan desde ahí corrientes de pensamiento en los planes y programas de estudio ni en las políticas de educación”.

Nuestro presente no puede ser comprendido sin comunismo

Es evidente que desconocen que el comunismo, en sus diversas corrientes y autores, componen parte esencial del pensamiento humano y por tanto del contenido de Planes y Programas de las Humanidades y las Ciencias Sociales como la Antropología, la Sociología, la Historia o la Filosofía.

De modo que la promoción de esta corriente de pensamiento, ni siquiera depende del Subsecretario pues desde mucho antes ha sido parte de Planes y Programas de estudio en la educación media superior y superior por tratarse de parte de la historia y el pensamiento de la humanidad.

Sin desconocer los errores, algunos muy graves, el comunismo es parte de nuestra historia. Y esto significa que nuestro presente no puede ser comprendido sin su reconocimiento.

No sólo por la acción de miles de comunistas, no me refiero solo a los del PCM sino a todas las corrientes que se adscribieron y adscriben al comunismo como forma de entender el mundo, sin los cuales no se podría entender la historia del país. Sino por todos aquellos que incluso hoy, sin adscribirse políticamente al comunismo son parte del “movimiento real que anula y supera al estado de cosas actual”.

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Como correctamente señaló López Obrador, en su mensaje de cierre de campaña al reconocer que la 4T es resultado de las luchas del pasado y del presente, en el que participaron y participan diversas corrientes entre las que están los comunistas. Discurso en el que incluso reconoció la participación de comunistas, en el amplio sentido de la palabra, en la historia del país como Valentín Campa, Demetrio Vallejo, Rubén Jaramillo, Othón Salazar o Doña Rosario Ibarra de Piedra.

Ejemplos sobran, bastaría señalar el papel en la discusión del artículo 3 del Congreso Constituyente de 1917 del maestro normalista Luis G. Monzón, que años después sería miembro del PCM y uno de los primeros Diputados por este Partido.

O bien la influencia de las ideas del Comisario de Instrucción Pública de la naciente URSS, Anatoli Lunacharsky, en la fundación de la SEP cuando José Vasconcelos miró la experiencia soviética para igual que allá combatir aquí el lacerante analfabetismo.

O más aun, pensar en los murales de la SEP realizados por comunistas como Diego Rivera, en los que no sólo hay decenas o centenas de símbolos comunistas sino una representación pictórica de esta concepción del mundo y de nuestra historia nacional, para considerar lo absurdas y vergonzosas que resultan las declaraciones que pretenden negar y ocultar el papel de una corriente de pensamiento que es, ha sido y será, parte de nuestra historia.

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