La evolución política de Frida Kahlo y el estalinismo en México

La adscripción al estalinismo de Frida Kahlo sólo fue posterior a 1939 y de forma más precisa a partir de 1940, año en que estalla la Segunda Guerra Mundial

Frida Kahlo y el estalinismo en México.

Por Mauro Espínola

Regeneración, 3 de septiembre del 2019. Christopher Landau, embajador de Estados Unidos en México, publicó el pasado domingo 1 de septiembre un tuit en el que alaba el espíritu libre y bohemio de la pintora Frida Kahlo, pero al mismo tiempo cuestionó su “evidente pasión por el marxismo/leninismo/estalinismo.

¿No supo de los horrores cometidos en nombre de esa ideología?”

Abriendo un debate de interés histórico en esta red social sobre los vínculos de la artista icónica con el estalinismo.

En primer lugar, hay que señalar la distinción entre marxismo, leninismo y estalinismo. Si bien el estalinismo fue la expresión política predominante del marxismo en el siglo XX, a partir de la consolidación de Stalin al frente de la URSS en los años treinta, es falso que el estalinismo englobe y sintetice a las múltiples corrientes del marxismo y del leninismo, muchas de ellas antagónicas e incluso abiertamente antiestalinistas.

La aclaración no es detalle, por el contrario, ayuda comprender el comunismo o marxismo-leninismo como un proceso histórico vivo en el que existían fuerzas actuantes que se disputaban su titularidad.

La precisión anterior es pertinente tras lo afirmado por Landau, pues implica la adscripción de la artista plástica al estalinismo y las implicaciones de dicha adscripción política.

En todo caso, conviene situarnos históricamente para entender las causas y razones de su adscripción.

De lo contrario corremos el riesgo de valorar y enjuiciar el pasado y a sus actores, en este caso Frida, no a partir de su contexto histórico concreto sobre el que actuaban o asumían posiciones políticas, sino sobre la idea vaga y muchas veces falsa que tenemos desde el presente como se observa en el Twitter de Landau.

Pese al mito de su antiguo origen y persistencia, en México, el estalinismo fue relativamente breve y acotado históricamente al periodo que va de 1940 a 1958 en el que al frente del PCM es elegido Dionisio Encina.

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Previo a ello, lo que hay es una batalla abierta entre esta corriente contra los elementos trotskistas dentro del PCM hasta más o menos 1934 y fuera del Partido hasta 1940 cuando el asesinato de Trotsky, fundador del Ejército Rojo, supuso un revés que casi significó la desaparición de las fuerzas del trotskismo mexicano producto de la debilidad política, la desorientación y la desmoralización consecuencia del asesinato de su dirigente máximo.

La biografía de Frida expresa en parte claramente este proceso, pues es ella quien en enero de 1937 recibió a Trotsky y a Natalia Sedova, esposa de aquel, en el puerto de Tampico y les ofreció su casa como residencia entre 1937 y 1939.

Otro ejemplo son los testimonios como el de Jean Van Heijenoort, entonces secretario de Trotsky, que dieron cuenta del amorío entre el revolucionario ruso y la artista mexicana.

Incluso los distintos paseos y viajes colectivos como el realizado a Pátzcuaro, Michoacán, en julio de 1938 junto con Adre Bretón, Jacqueline Lamba, Natalia Sedova, Diego Rivera y Jean Van Heijenoort, muestran que Frida no era exactamente una estalinista consumada en los años treinta.

Por el contrario, tenía por lo menos en buena estima al revolucionario ruso que de forma más clara combatió al estalinismo desde sus inicios, favoreciendo una relación afectiva y de alguna afinidad política.

Relación que duro hasta más o menos 1939, cuando el exiliado y su compañera Natalia mudan su residencia a la calle de Viena 19, también en Coyoacán.

Por supuesto que esto no significa que Frida se asumiera o fuera una militante trotskista, como si lo hizo Rivera entre 1933 y 1939 cuando rompe relaciones con Trotsky, pero sí la distancian del estalinismo, al que sí se adscribieron figuras como el también pintor, David Alfaro Siqueiros quien en mayo de 1940 asaltó con armas de fuego la casa del exiliado ruso.

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En ese contexto, entre el 10 y el 17 de abril de 1937, sesionó en la Casa Azul de Frida Kahlo la “Comisión de Investigación de los cargos hechos contra León Trotsky en los Juicios de Moscú” o Comisión Dewey.

Esta Comisión presidida por el filósofo y liberal norteamericano John Dewey, de quien recibió el nombre, buscó denunciar los crímenes del estalinismo encubiertos en los juicios de Moscú.

La celebración de dicha reunión pública en la casa de la artista mexicana significa no solo que la pintora estaba al tanto de los horrores del estalinismo, sino que simpatizaba en su denuncia pública. De lo contrario no se comprendería que facilitará su casa para la realización de la reunión misma.

Lo hasta aquí planteado nos permite señalar que por lo menos hasta 1939 Frida no era estalinista. Por lo tanto, su adscripción al estalinismo solo fue posterior a este año y de forma más precisa a partir de 1940, año en que estalla la Segunda Guerra Mundial y el asesinato del Viejo supuso un revés del trotskismo que en México no se recuperó hasta 1958.

De modo que incluso su adscripción, admiración o veneración a Stalin no es exactamente extraordinaria.

A reserva de una investigación más detallada con fuentes documentales primarias que permitan precisar y datar el desarrollo del marxismo de Kahlo y su simpatía a Stalin, lo cierto es que esto se explica en parte por un espíritu de época marcado por la Segunda Guerra Mundial.

En ese contexto, el estalinismo emergió como una alternativa a la amenaza nazifascista y al imperialismo de las democracias capitalistas.

Incluso el triunfo sobre las Potencias del Eje, contrario a la narrativa hollywoodense, consolidó la autoridad política de la URSS y de Stalin a ojos de millones. Basta recordar que es el Ejército Rojo, quien el 2 de mayo de 1945 logra la rendición de Berlín, con lo que los soviéticos lograron la derrota del último reducto nazi, siendo ellos quienes verdaderamente vencen a Hitler.

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En este contexto podemos bien situarnos y entender la posición de Kahlo, que como hemos señalado, conocía las denuncias de los crímenes de Stalin hechas por Trotsky y la Comisión Dewey.

Pero al mismo tiempo miraba la amenaza nazi y los crímenes de la democracia norteamericana en América Latina, como la que perpetuarían años después en Guatemala contra Jacobo Arbenz en junio de 1954 y que la propia Frida denunciaría.

Precisamente una de las últimas fotografías en vida de Frida Kahlo, ya en silla de ruedas a escasas semanas de su muerte, es en una de las manifestaciones en México contra la intervención norteamericana en Guatemala.

Es pues, poca la congruencia que podemos recriminarle a la pintora. La historia, como la pintura, y aún más las biografías son policromáticas. Por el contrario, Landau y la diplomacia norteamericana tendrían que ser más humildes y rigurosos al reprochar el estalinismo a Frida Kahlo.

Primero porque como hemos tratado de explicar ese fue un proceso solo es posterior a 1940.

Y en segundo lugar porque mientras ella recibió a Trotsky en Tampico y le abrió su casa como refugio mientras era perseguido por Stalin, las democracias occidentales, entre ellas la norteamericana, le negaron el asilo y lo abandonaron en lo que el poeta surrealista André Bretón definió como “El Planeta sin Visado”.

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