Por Edna Rodríguez Salas

RegeneraciónMx.- No saben cuánto se agudizan los sentidos de una mujer cuando es madre, así, sin romantizar el asunto. Con frecuencia ocurre que una embarazada, durante un trayecto en la calle, se concentra en el número de mujeres que se encuentran en la misma condición. Un hecho que, aunque suele ser bastante ordinario, no había llamado su atención. Hace poco, una conocida me dijo a propósito del tema: “Me parece sumamente irresponsable que las personas suban los autos a la banqueta. Me resulta imposible andar con mi bebé en carriola”. Antes de tener un bebé, jamás había expresado una queja semejante.

Los niños también tienen una enorme agudeza en la mirada. Las más veces, perciben detalles o pormenores que a los adultos nos resultan indiferentes: “¿Ya viste que ese señor que está en la tienda? Es el mismo que encontramos allá, al tirar la basura”, me dice mi hijo que está al tanto de lo que yo no.

Esos son tan sólo unos ejemplos. Y no se necesitan más, me parece, para dimensionar cuánta agudeza han perdido nuestros sentidos (vista, oído, olfato, etcétera), e incluso nuestro propio intelecto o nuestra manera de razonar. Vivimos una época donde sólo miramos hacia nosotros mismos. De alguna manera, hemos reducido nuestra perspectiva hacia un solo “sentido”: el de la posesión, tal como lo describió Manuscritos económicos y filosóficos.

Desafortunadamente, hemos centrado nuestra atención en torno a lo que podemos obtener de los demás. Nuestros sentidos están focalizados en torno a la ganancia que podemos sacar de los demás. Casi podría decirse que se trata de una época egoísta. Pensamos en cómo obtener tal o cual provecho, tal o cual bien material. ¿Y para qué? Las más veces, hay que decirlo, ni siquiera lo sabemos a ciencia cierta. Nos hacemos de cosas que, más tarde, ya no nos interesan.

Esto, por alguna razón, me recuerda una de las entrevistas que concedió Michael Jordan en el documental The Last Dance. En dicha serie, que se encuentra en Netflix, el basquetbolista nos deja en que, por un lado, fue un gran deportista cuya estampa biográfica ya pasó a la historia, y, por otra parte, que es un ser egoísta. Su estampa jamás podría compararse, en términos de la calidad humana, con alguien como Muhammad Alí, por ejemplo. Recordemos que en su momento Cassius Clay le propinó una fina bofetada al gobierno imperialista de EU, al oponerse a ir a la guerra de Vietnam declarando que él no iría a matar gente a un país donde nunca le habían llamado “negro”, tal como sí ocurría en el suyo.

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El ejemplo viene a cuento porque Jordan, como muchos deportistas, figuras de la farándula o rockstars, suelen tener un público que ha cerrado su perspectiva crítica y ya sólo mira las acciones “positivas” de sus ídolos, creándoles incluso una relevancia estatuaria.

Esto revela, desde otra perspectiva, la cerrazón que se tiene ante la crítica. Dicho de otra forma: hemos obstaculizado nuestro punto de vista examinador para volcar nuestros sentidos hacia un enfoque utilitario. Nuestros sentidos se han trocado egoístas. Y en eso radica el problema. Hemos renunciado a despertar nuestros sentidos como órganos sociales. Y al desatender lo que ocurre alrededor nos volvemos egoístas: nos deshumanizamos.
Es de vital importancia que no perdamos la perspectiva social. Como ocurre en el caso de las mujeres embarazadas, de los niños o de los seguidores críticos de alguna personalidad del deporte, es importante que agudicemos nuestros sentidos.

La mirada perspicaz produce fraternidad, solidaridad y humanismo. Y esos son ingredientes necesarios para una vida social vigorosa. De no hacerlo, nuestra mirada egoísta agravará el malestar social que padece nuestro país. Se trata de recuperar y fortalecer la perspectiva humanística.

Entiendo que no es fácil. Treinta años de saqueo en el país estuvieron acompañados de la pérdida de lo público y de lo colectivo.

Las privatizaciones (de Salinas a Peña Nieto) no sólo fueron económicas y sociales. Estuvieron acompañadas de una privatización intelectual de la opinión pública. Nos dejaron indefensos. Y desprotegidos. Pero también anulados. ¿O cuándo iba a importar nuestra opinión en una consulta ciudadana? Aunque estaba en las leyes, nunca nos dijeron que existía. Lo ocultaron, como tantas cosas. Sólo existía la opinión de los medios que se hacían pasar por nuestra voz, imponiendo sus propios criterios. Solo cuando ya no se podía más, cuando sentían la presión social, entreveraban alguna opinión distinta a la suya. Pero eran muy pocos los espacios. Los micrófonos estaban secuestrados. Y desde ahí se ofendía a las opiniones que no coincidían con la voz del monopolio.

Hoy mismo, todo el poder cáustico de los llamados medios de comunicación tradicionales está desbordado por la virulencia. La crítica, atestada de calumnias, que ejercen contra la presidencia y el poder legislativo, ambos emanados del pueblo, son el blanco preferido de los medios de comunicación corporativos.

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Ya se habla incluso de un golpe blando al Estado mexicano. Y con razón. No debemos subestimar el poder mortífero que tienen las falsedades diarias que los voceros del neoliberalismo propagan en periódicos, revistas, televisoras, radiodifusoras y plataformas de internet. Afortunadamente, esto se ha convertido en un impulso que nos está haciendo salir del letargo en el que nos tuvieron sumergidos.

La Cuarta transformación, de una u otra forma, ha venido a tañer las campanas para que despertemos, tal como hizo Hidalgo en 1810 para despertar a un pueblo que no cejó de ser madreado durante el Virreinato de la Nueva España.

Pero para despabilarnos por completo, para salir de las mazmorras de la nulidad en donde estuvimos sumergidos, hay que comenzar despertando nuestro intelecto y desadormecer nuestra perspectiva crítica. Se trata, en suma, de agudizar nuestros sentidos solidarios.

Una vez hecho esto, el resto vendrá por sí sólo. Fortificados por una nueva perspectiva, no representará ningún problema expulsar los restos del antiguo régimen que habitan en muchas y muchos de nosotros.

Recuperemos nuestra voz y hagamos del espacio público nuestro escenario. Mediante una mirada aguda y solidaria, y utilizando las herramientas del arte, el periodismo y el debate intelectual, empujemos esta coyuntura a favor de la próxima Consulta como ejercicio ciudadano. No permitamos que la derecha nos abrume con sus pesadeces ni dejemos que nos inocule su ponzoña disfrazada de periodismo informativo.

* Escritora y filósofa poblana, estudió Economía en la BUAP y maestría en Filosofía en la UNAM. Especialista en psicoanálisis, ha publicado artículos en la revista Replicante y en varios medios de comunicación locales y nacionales.