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Nuestro país tiene una reserva de petróleo para ¡cero días! Es decir, no tenemos nada para sobrevivir ante una crisis. Que un país petrolero importe gasolina es algo verdaderamente kafkiano

Por Ángel Balderas Puga

Regeneración, jueves 21 de febrero, 2019.  El desabasto de gasolina y diésel que se vivió a principios de enero en varios estados de la República fue apenas una pequeña muestra de la debilidad de un país cuando depende de combustibles extranjeros.

Ya a finales de 1973 y principios de 1974 europeos y norteamericanos sufrieron durante casi cinco meses un embargo petrolero y un aumento en el precio del petróleo por parte de los países miembros de la OPEP (Organización de Países Exportadores de Petróleo) bajo iniciativa de varios países árabes, en represalia por el apoyo de los Estados Unidos y de algunos países europeos a Israel en la llamada guerra del Yom Kipur. El embargo se llevó a cabo en pleno invierno justo cuando los países situados más al norte necesitan más combustible para hacer funcionar sus sistemas de calefacción y protegerse del frío.

La escasez de combustible, durante meses y no durante algunos días como sucedió en nuestro país, generó enormes colas en las estaciones de servicio, se tuvieron que racionar las cantidades de gasolina que podían ser compradas, se redujeron los límites máximos de velocidad (con el fin de reducir el consumo de carburante), se tuvo que privilegiar el uso de combustible para centros de producción, servicios de emergencia y transporte público, se instituyeron sistemas basados en la terminación de las placas para poder adquirir combustible sólo en determinados días, millones de personas se vieron forzadas a transportarse en bicicleta, a pie e incluso a caballo. Disminuyó la clientela de restaurantes, hoteles y centros de diversión, sobre todo los que se hallaban en la periferia. Si, nada que ver con lo que pasó aquí.

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A partir de esa desastrosa experiencia los norteamericanos comenzaron a construir su reserva estratégica de petróleo (SPR, por sus siglas en inglés). De acuerdo a la Agencia Internacional de Energía (IEA, por sus siglas en inglés) y al Departamento Norteamericano de Energía, para octubre de 2011, los Estados Unidos contaban con una reserva de mil 770 millones de barriles de petróleo. Dado que en Estados Unidos se consumen unos 20 millones de barriles al día y que se producirán en 2019 unos 12 millones de barriles diarios, se tiene un déficit de 8 millones de barriles al día que podrían ser suplidos con su reserva estratégica, sin depender del extranjero. Su reserva estratégica y su producción les permitirían sobrevivir, sin importar nada, 221 días, es decir, casi 8 meses los que se podrían duplicar a unos 16 meses con un racionamiento de consumo a la mitad de su consumo actual.

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Otros países han seguido el ejemplo de los Estados Unidos y también han constituido su propia reserva estratégica. De acuerdo a las mismas fuentes, el país con la segunda reserva estratégica en el mundo es Japón, que cuenta con 600 millones de barriles, le sigue Alemania con 284 millones, Canadá con 192 millones, Corea del Sur con 174 millones, Francia con 165 millones, España e Italia con 130 millones, Holanda con 102 millones y luego una larga serie de países que tienen reservas que van de los 8 a los 85 millones de barriles lo que les permite diversos días de autonomía, o incluso meses, dependiendo de si son productores de petróleo (como Canadá, el Reino Unido o Noruega) o no.

Las políticas energéticas de los gobiernos neoliberales del PRI y del PAN nos han dejado en la indefensión absoluta pues en 30 años de bonanza petrolera no constituyeron ninguna reserva estratégica. Nuestro país tiene una reserva para ¡cero días! Es decir, no tenemos nada para sobrevivir ante una crisis, nos queda únicamente nuestra producción de petróleo, lo que no es suficiente ante nuestra escasa capacidad de refinación.

Porque el desabasto de gasolina que se vivió a principios de año no sólo se debió al cierre de ductos para evitar el robo de combustible y a los sabotajes sino que se debió principalmente a la falta de una reserva estratégica, a la falta de capacidad de almacenamiento y a la falta de refinación. Este último aspecto es desastroso.

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Cuando imponen a Felipe Calderón mediante un fraude electoral, importábamos 200 mil barriles diarios de gasolina, al final de ese sexenio ya estábamos importando el doble, 400 mil barriles diarios y al final del sexenio esa cantidad ya se había incrementado hasta los 710 mil barriles diarios. Importar esta última cantidad nos costó 18 mil 600 millones de dólares, cantidad que sube hasta los 30 mil millones de dólares si consideramos la importación de todos los petrolíferos. Ni más ni menos que 600 mil millones de pesos anuales, más del doble del presupuesto total para la educación pública el año pasado.

Que un país petrolero importe gasolina es algo verdaderamente kafkiano. Desde 1979 no se construye una refinería en nuestro país, priistas y panistas neoliberales fueron incapaces de hacerlo. A lo más que se llegó fue a la construcción de una barda en el sexenio de Felipe Calderón. Pero además, el gobierno de Peña Nieto heredó al nuevo gobierno seis refinerías que sólo trabajan al 38 por ciento de su capacidad instalada.

Sobre esta herencia maldita y sobre esta debilidad estratégica el nuevo gobierno federal está ya construyendo un futuro diverso. Aunque de eso hablaremos en una próxima entrega.

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Si quieres informarte más, visita: Regeneración

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