Trump extiende guerras comerciales incluso contra ‘aliados’

Trump no solo ataca China sino también mantener guerras comerciales con sus aliados, e incluye su polémica por el euro o el apoyo al Brexit
Trump ataca lo mismo ‘aliados’ que ‘enemigos’
Regeneración, 12 de julio del 2019. Trump ha abierto diversos frentes de pelea con sus socios, que van desde los automóviles o los productos agrícolas, hasta el euro y las nuevas tecnologías.

Más allá del comercio, Estados Unidos ha abierto otros frentes, entre los que está el manejo de las divisas.

Por ejemplo, Trump acusó a la eurozona de manipular el euro para ganar competitividad en contra de su país.

Una declaración de Trump encendió las alarmas:

“China y Europa están jugando a la gran manipulación de monedas y vertiendo dinero en sus sistemas para competir con Estados Unidos”.

La pelea entre Estados Unidos y la Unión Europea (UE) no se ha anunciado con bombos y platillos como la guerra con China.

Pero Donald Trump lleva meses abriendo nuevos frentes de disputa contra el Viejo Continente.

En esta tensión, que se enfoca en comercio y tecnología, la UE ha sido foco de ataques hacia prácticamente todos los ámbitos.

Desde el comercial y monetario, hasta sus políticas de defensa o incluso su estructura interna.

Entre otros pleitos, el Gobierno de Trump, disputa los subsidios a las aeronáuticas.

Según Ángel Saz-Carranza, director del Center for Global Economy and Geopolitics, “la tensión es alta pero discreta».

Tenemos dos frentes:

EE. UU. ha levantado tarifas sobre el acero y el aluminio, y prepara aranceles a importaciones.

Esto después de que la Organización Mundial del Comercio (OMC) diera la razón a la UE sobre las ayudas fiscales a Boeing. Trump acusa a Europa de subsidiar a Airbus”.

Y, sumado, el otro problema comercial es la amenaza de Trump de imponer aranceles a la industria automotriz europea, uno de los pilares de su economía.

“No se han ejecutado aún, pero se hará. Estamos en medio de la negociación de un nuevo tratado, donde se percibe que EE. UU. quiere incluir la agricultura y Europa el sector del automóvil, pero no el agro».

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«Como esto no ocurrirá, se puede llegar a nuevas tarifas arancelarias”, dijo Saz-Carranza.

EU ya impuso aranceles a productos europeos, como fue el caso de la aceituna española, al tiempo que amenazó con otros artículos como el vino francés, el whiskey escocés o el queso italiano.

El Gobierno estadounidense dio un ‘ultimátum’ para que la UE no desarrolle su política de defensa (creación de un ejército y comprar solo armamento de los miembros).

Busca además que se mantenga bajo los intereses de EE. UU. Trump, incluso, amenazó con dejar solos a sus socios con las amenazas como la de Rusia.

Sumado al apoyo de Trump al Brexit, el otro gran punto de tensión ha sido el mayor control que la UE está haciendo de los gigantes tecnológicos.

Tras las multas a Google y las investigaciones a Facebook o Amazon.

Trump aseguró que la jefa antimonopolio de la UE, Margrethe Vestager:

“odia a EE. UU. más que cualquier persona que haya conocido. Está demandando a todas nuestras compañías”, apuntó.

Con todo, las expectativas sobre la relación de la UE con EE. UU. para los próximos meses son diversas. Mientras que dijo Saz-Carranza afirma que “vamos a ver un 2020 caliente a medida que se acerca la campaña electoral».

Reinsch señala que “la relación general tiene muchos otros problemas.

«Las dos partes acordaron tener una negociación, pero han pasado los últimos 11 meses discutiendo sobre lo que iban a negociar».

«Y con la nueva cúpula de la UE, no espero grandes avances”, añadió

Cambio en la política Exterior de EEUU

A veces, parece que la política exterior de Estados Unidos ha quedado de cabeza.

Y las disputas de Trump con los socios tradicionales de Washington seguramente pondrán a prueba su promesa de que su ideología de “Estados Unidos Primero” no significa que Estados Unidos esté solo.

Las relaciones de Estados Unidos con sus grandes aliados entraron en crisis cuando la Casa Blanca de Trump impuso aranceles a las importaciones de acero y aluminio a Canadá, México y la Unión Europea.

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La medida consternó a los gobiernos amigos porque fue justificada bajo el razonamiento de que sus políticas presentaban una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos.

El contraste entre los aliados y los adversarios de Estados Unidos está especialmente marcado porque Trump, por petición de Xi, ha estado trabajando en revivir a la gigante de la tecnología china ZTE.

La firma fue amenazada de extinción por las varias sanciones que le impuso Estados Unidos luego de que ZTE infringiera las restricciones al comercio con Irán y Corea del Norte.

Al igual que los amigos de Estados Unidos, la compañía china, que según los críticos es un vehículo para la inteligencia, fue acusada de poner en riesgo la seguridad nacional de Estados Unidos.

Los aliados europeos de Estados Unidos están furiosos con Trump por ignorar sus súplicas de quedarse en el acuerdo nuclear de Irán y por haberse salido del acuerdo climático de París.

Canadá está encerrada en una amarga renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN) por culpa de Trump.

Los amigos de Estados Unidos están molestos con la idea de que problemas que ellos ven como críticos para su seguridad están siendo dictados por la percepción de Trump de sus propios intereses políticos.

La división es también filosófica: la debilidad de Trump por los hombres rudos y el desdén por la diplomacia multilateral son contrarios a los principios liberales internacionales de Occidente.

El enfrentamiento marca una prueba de cómo el acercamiento de Trump —una visión transnacional de política extranjera usualmente basada en si Estados Unidos está “ganando” o siendo estafado por sus amigos— configurará el orden internacional en los próximos años y en últimas el liderazgo estadounidense.

Las disputas no son solamente comerciales.

La diplomacia ha sido seriamente afectada, la personalidad cambiante de Trump es considerada locuaz por algunos y por otros una estrategia manipuladora y malévola para lograr sus objetivos

La ministra de Relaciones Exteriores de Canadá, Chrystia Freeland, en el programa State of the Union de CNN cuestionó a la audiencia estadounidense:

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«¿Realmente crees que Canadá, que tus aliados de la OTAN, representan una amenaza a la seguridad nacional?”.

CNN reportó anteriormente que Trump y el primer ministro de Canadá Justin Trudeau tuvieron una irritante conversación telefónica el mes pasado.

Cuando Trudeau se quejó sobre el argumento de la seguridad nacional, el líder estadounidense dijo que Canadá alguna vez quemó la Casa Blanca.

El incidente, de hecho, ocurrió durante la guerra de 1812, cuando Canadá era una colonia británica.

Trump ha mantenido fricciones con varios gobiernos, como Emmanuel Macron de Francia, también tuvo una extraña llamada con la primera ministra británica Theresa May, antes se su esperada visita a Gran Bretaña, así como airadas discusiones con la canciller de Alemania, Angela Merkel, sobre el enfoque nacionalista de Trump.

Desde hace mucho tiempo ha sido obvio que el factor motivador de la política exterior de Trump es el deseo de cumplir las promesas que hizo a los votantes, quienes, por ejemplo, recibieron con beneplácito al desdén al acuerdo nuclear de Irán y la lucha por el calentamiento global.

Su concepción de los intereses de Estados Unidos es, por consiguiente, más parroquial y doméstica de lo que ha sido para los presidentes más internacionalistas.

Y Trump puede estar apostando a que los votantes que necesita para las elecciones intermedias de noviembre interpretarán sus disputas internacionales como prueba de que él está luchando por sus intereses.

También tiene una fuerte carta:

la tasa de desempleo más baja en Estados Unidos durante casi medio siglo y una economía que está en una etapa de crecimiento que le permitirá argumentar ante otros líderes mundiales que sus políticas están siendo vindicadas.

Pero el triunfalismo de Trump hará poco para mejorar las relaciones entre Europa y Estados Unidos.

Ahora son más desafiantes de lo que fueron durante la acritud sobre la invasión de Iraq en 2003, a la que se opusieron muchos estados europeos.

 

 

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